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Black Betty y el caso de las borracheras

Cada año, con los compañeros de curso, hacemos una cena de Navidad y Año Nuevo. Esta vez tocó el viernes. Además de las toneladas de comida, hubo litros y litros de vino. Yo, como tengo este estómago fino de “conmigo no te pases que te enterarás durante cinco días”, mido lo que como y sobre todo lo que bebo.

Así, desde las 9 de la noche y hasta las 4 de la mañana, me tomé unas cinco copas de vino, intercaladas con agua. Cuando decidí que se acababa el vino, fui al baño y uno de los amigos estaba ocupándolo, en realidad lo tuvo acaparado desde las 4 y hasta las 6 am. Cuestión que como no paraba de vomitar, acabamos llamando a la ambulancia. Bueno, la llamamos porque dejó de vomitar pero apenas si reaccionaba, no se movía, no respondía preguntas, no podía hablar.

Los paramédicos nos dijeron, en resumen, que podía dormir la mona en casa o dormirla en una camilla en el hospital. Con mucha dificultad lo movimos al sofá y a las 7:30 am finalmente se durmió y pude venirme a casa.

Volviendo a casa me puse a pensar en las borracheras. En cómo los seres humanos tenemos esta necesidad de meternos cosas en el cuerpo, de perder un poco el control de vez en cuando. Lo peor es que creo que estaremos todos de acuerdo en que no es nada agradable el mareo extremo, ni el malestar… entonces ¿por qué lo hacemos?

Hace mucho tiempo que este amigo no se mete una borrachera, pero hasta hace un año creo que era constante el tema bebo-bebo-bebo-acabo vomitando. Sé que es joven, sé que tiene un punto de normalidad, pero me pregunto si no hay algo más allá de lo que quiere huir y usa el alcohol. No sé… son estas cosas que se pasan por la cabeza y no sé por qué.

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Black Betty presenta ¡Ai mare que no arribo!

Esta semana empiezo un largo puente… desde mañana viernes y hasta el martes –inclusive- no tengo clases. Toda una promesa de paz y descanso, si no fuera porque restando las vacaciones, me quedan unas 6 semanas para acabar el primer cuatrimestre.

He empezado a hacer la lista de pendientes. Craso error.

Así, paso de estar frente a una montaña de horas de sueño y remoloneo a ver la avalancha de trabajo que asoma por una esquinita. Por ahora respiro. Mañana haré una “sub lista” de pies en la tierra, midiendo el tiempo que puedo invertir en ponerme al día y el tiempo que necesito para descansar. Porque me merezco vagabundear como una gatilla.

Bueno, a disfrutar los días libres.

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Black Betty y el caso informativo

Es bonito que la gente confíe en ti… que te cuenten sus cosas, sus proyectos, te den opiniones. Pero… qué conflicto se te viene encima cuando la información se cruza.

Me explico:

Primera situación: Mathematician me habla de hacer juntos un proyecto para el próximo año. Me parece genial, incluye a B, C, D y E. Todos estos están enterados y, en principio, les interesa. Geniecillo me habla de hacer juntos otro proyecto para el próximo año. Me parece genial, aunque incluye a B. Lo conflictivo no es el doblete –para mí- sino que, para resumirlo, el proyecto será el de Mathematician o el del Geniecillo, no pueden ser los dos.

A Geniecillo, que es mi amigo, le cuento un poco por encima –aunque ya estaba enterado- de la idea con el Mathematician. Pero a Mathematician no le puedo contar la idea del Geniecillo, porque me lo contó en confianza y puede interferir con el suyo.

Pero claro… yo me estreso… porque me siento Arlequina servidora de dos patrones.

 

Segunda situación: Mi amiga PG me habla de que mi amiga MIC está rara… en resumen me viene a decir que no le cuenta sus cosas, que se cierra en banda y que esto, junto con otras actitudes, le hace pensar que no la considera su amiga. La MIC me ha contado, en repetidas ocasiones, que PG a veces la juzga cuando le cuenta sus problemas, la tacha de superficial y usa sus complicaciones para hacerla sentir superficial por preocuparse por “tonterías”.

A mi amiga MIC le digo que hable con PG y le explique lo que siente. A PG le digo que hable con MIC y le explique lo que siente. Las dos dicen que para qué. Lo peor es que se quieren, pero la mitad del tiempo se juzgan por cosas que jamás llegan a aclarar…

Pero claro, yo me estreso… porque me siento la peor mediadora de la historia de la humanidad.

Uf.

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¿Y qué se supone que debería hacer?

Esta tarde nos pasó una cosa rara. Estábamos como dos escritores, sentados con el ordenador, en Starbucks. De repente, del fondo del salón se oye una voz de chica, que gritaba “Está robando, es una ladrona, está robando, llamen a la policía por favor”. Nos quedamos de piedra. Hasta la quinta o sexta vez no hicimos el amago de levantarnos. Para entonces habían venido un par de empleados a ver qué pasaba… al final la supuesta ladrona salió por sus propios pies, sin decir mucho.

Me acordé de otra vez, aún más dramática, en Mango. Estábamos en la caja cuando a nuestras espaldas pasaron dos chicas, que más parecía que se estaban peleando que otra cosa. Una de ellas gritaba que la chica le estaba robando la cartera, la otra gritaba que no era verdad, que era suya… en fin, que las cajeras de la tienda ni se inmutaron y nosotros no fuimos más que testigos del burumbún. Cuando la supuesta afectada volvió a la tienda, estaba indignada porque nadie le ayudó… y tenía razón, pero es que estas situaciones a mí me dejan tan congelada que nunca sé cómo reaccionar.

Por un lado pienso que si elimináramos esa dejadez, se podrían prevenir muchos robos. Por otro lado, también me parece que puede tratarse de un error. No sé… en todo caso, lo de esta tarde me ha dejado muy mal cuerpo, y por un rato bastante largo. Y, encima, ni idea de qué se supone que tendría que hacer en estos casos.

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Good-bye o fins després y ya casi…

… y que no viste a tu Tía Fulana y seguramente se resienta, y que te da igual que lo haga porque has empezado a disfrutar ser menos sumisa; y que Sutano te manda un abrazo, pero no va a venir a verte… y que Perencejo no contesta los mensajes, debe estar entretenido con Perenceja que acaba de regresar… y que -aunque por supuesto te sientes desplazada- entiendes que Perenceja tenga prioridad; y que te alegras de haberte librado de ver a Amor-Odio, aunque sabes que tendrías que confrontarla; y que puede que quieras empezar a mandar a tanta tanta gente al carajo, porque piensas que es liberador pero en verdad no te atreves; y que a veces quieres cortar con la mitad de tus raíces pero prefieres quedarte podando ramas; y que la Beibi se fue a la playa, a pesar de que te vas en un par de días y sí, te duele, aunque digas que no te importa, y que Amiga Productora dice que ella jamás lo hubiera hecho y sabes que es verdad porque con Amiga Productora todo es tan claro y sencillo y bueno, pero estás cansada de esperar de los demás lo que parece justo; y que entiendes que la justicia en realidad es otro valor subjetivo; y que Amiga Mayor terminó la fiesta tan seria como cuando se enoja, pero no tienes ni idea de por qué; y que la has pasado bien, incluso a pesar de enfermarte; y que agradeces que -entre otras cosas- este viaje te ha servido para re-conocerte, incluso podríamos decir para perdonarte y dejar de juzgarte; y que no te puedes creer que ahora resulta que eres intolerante a los mariscos y al pescado (y hubieras preferido serlo a las judías, por ejemplo); y que sabes que ya no es tu sitio, y que quieres irte ya… sobre todo porque echas de menos a El Hubby y te mueres de las ganas de abrazarlo y quedarte dormida a la par suya, pero también se te llenan los ojos de lágrimas de pensar en irte, y estás segura de que la vida tardará en devolverte ese sentido de pertenencia que tenías antes, y agradeces los dos amigos que tienes allá, los dos angelitos Geniecillo Fashion y Biotecnóloga Teatral, que te devuelven el aliento cuando te falta y que te quieren casi tanto como los amas tú aunque -tonta de tí- se los dices más bien poquito; y que intentas ordenar todo eso, el vendaval, el torbellino, clasificarlo para que no pete, para que no estalle; y que contienes el llanto sabiendo que es temporal, que como siempre el aeropuerto te espera con su frialdad, ahí donde cada año lloras sola… y sabes que –una vez más- este mes ha sido la confirmación de que tienes y tendrás por siempre jamás el corazón partío.

Y que faltan las maletas por hacer.

Y que faltan abrazos por dar.

Y que sobran lágrimas que contener.

Y que extrañas no saber todo eso que sabes. Porque a veces, algunas veces o más bien muchas veces extrañas esa paz distinta, anterior, ignorante.

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Ojos de turista

Ayer fui a pasear por pueblitos y ciudades cercanos al sitio donde vivo, con la comitiva extranjero-nacional que ya he comentado. Íbamos a aventurarnos al bosque tropical lluvioso, pero tenía mucha pinta de que iba a llover así que variamos los planes.

Aunque los pueblitos y ciudades pequeñas de este país no son su mayor atractivo, lo divertido del viaje fue darme cuenta de cómo se desplaza la percepción de un sitio en cuanto lo miras con distancia.

Vi letreros que nunca había notado, flores dibujadas en el cemento de las aceras, calles que nunca reparé que llevaban de un sitio a otro.

Me gusta cuando algo me provoca esa mirada extrañada hacia lo que tengo ya asumido. Lo mismo me pasa en Barcelona… cuando hay visitas, suelo disfrutar más de lo bonito (y sigo en mis trece de que aquí no creo que vuelva a vivir, pero prometo dejar de hablar del tema, creo que es el más recurrente de los recurrentes)

Ahora, esa misma distancia me hace mucho más crítica para cosas que deberían darme igual. Y no me explayo en el tema porque “pa’ qué”, pero a veces tendría ganas de no notarle los defectos a mi familia. Sería más fácil ¿no?

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Mala, o considerada, o las dos…

Hace unos años una amiga -que aún sigue siéndolo- decidió “terminar” conmigo. Sí, Pija Amorosa me llamó “para hablar”, tuvimos la típica conversación de pareja que se rompe (“mejor dejamos las cosas así”) y nos dejamos de hablar un tiempo. Hasta que el echarse de menos, las coincidencias y los momentos importantes de la vida de ambas nos reunieron.

Esto, que suena a coña, me pasó de verdad. Todo fue por un malentendido y una metida de pata mía. Años después le pedí perdón. Ahora Pija Amorosa y yo nos amamos como se aman esos novios de años…

A lo que voy es que esa manera de “terminar” una amistad siempre me ha parecido extraña. Soy de las que cree que las amistades se mueren como nacen, poco a poco, a pasos pequeños, a distancias que se alargan o se acortan, se diluyen con a misma naturalidad con que se formaron.

Por otra parte, y aquí entro en materia, sé que tengo tres o cuatro meses de hacerle el vacío a Malagueña (sí, aquella que me avisó de su boda por facebook y todo lo demás). No tengo ovarios para decirle las cosas directamente, al menos no para repetírselas porque la mayoría ya se las dejé caer, pero es que además, no es una cosa en concreto la que me tire para atrás, sino un conjunto.

Me acuerdo de algunos consejos dados por aquí de ser directa… pero es que, a ver… no sé si es mejor ignorarla que decirle, en su cara “no soporto la gente negativa como tú, siempre SIEMPRE estás mal, no me ayudas a ver la vida del lado bueno sino lo contrario, me pides consejos que luego no usas ni para reírte, le cuentas cosas a tu marido que NO debería saber, o que no deberías preguntarme… o sea que me obligas a ir con pies de plomo contigo, me quieres monopolizar, no soportas que exista otra gente en mi vida, eres inoportuna, siempre te quedas muchas horas más de las que deberías, pides mucho pero mucho más de lo que es normal, y has cometido error tras error, todo el mundo se equivoca, pero como cansa que siempre se equivoquen contigo (conmigo).

Digo yo… mejor la ignorancia ¿no? A veces es menos dolorosa. Y si de todas maneras no me interesa tenerla cerca ¿para qué le voy a cantar las 40?

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Sobre los derechos de autor

Llego a casa. Miro internet y me encuentro un mail… de alguien que no conozco. Resulta que en un post hace unos meses, puse una foto hecha por un individuo. Nótese que dije de dónde venía la ilustración, quién era el autor e incluso había un link a su página en flickr, que es lo que usualmente hago. El chico en cuestión básicamente se cagaba en mí por haberle robado su foto. Entre otras cosas divertidas dice que gente como yo arruina internet.

Mikhon… si pasas por aquí cuéntame qué piensas… me interesa tu opinión experta.

Yo me quedo a cuadros. Porque entiendo que le pueda molestar… a pesar de que creo que si citas la fuente y no sacas beneficio de la foto, en principio no debería pasar nada. Talvez es ignorancia de mi parte, o no sé. Entiendo incluso que le sea una sorpresa ingrata ver algo suyo por ahí. Pero por otra parte, me resulta muy difícil entender el tono en que me habla. Poco le faltó para mandarme la Interpol a casa.

No sé. Borré la foto, le escribí un mail más o menos diciéndole lo que pongo aquí arriba y tema zanjado.

Pero el tema de los derechos de autor siempre me parece un dolor de cabeza. Para mí debería restringirse a que nadie saque provecho de algo que has creado tú. Ahora, provecho en cuanto a beneficio económico, de nombre o moral. Que nadie diga que x creación es suya si no la es y que no la use para hacer dinero o ganarse un nombre.

Ahora… nunca he entendido la necesidad de amenazar a la gente para conseguir los objetivos. Con lo bonito que es convencer sin uso o advertencia de fuerza.

En fin.

Sigh.

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regreso, con pensamientos atravesados

Y sí, tiene un punto triste el constatar que mi hermana y yo nos llevamos perfectamente cuando estamos lejos.

Ya sé que parezco un disco rayado, pero bueno… a veces necesito descargar por algún lado.

Somos distintas, pero más que eso el problema es que somos completamente opuestas. No hay nada que ella haga que a mí me parezca bien, no hay nada que yo haga que ella acepte sin discusión.

Nos cuesta encontrar de qué hablar, aunque nunca es incómodo, pero al menos yo me veo buscando que contarle constantemente. Ella considera que soy como una vieja, que llevo una vida demasiado tranquila para tener 29 años. Yo pienso que ella vive como una adolescente, con demasiada fiesta y poca formalidad para tener 32. Ella está convencida de que me creo más madura de lo que soy, yo lo estoy de que ella es menos madura de lo que debería ser. Yo he aprendido a decir las cosas directamente, ella no soporta que nadie le haga observaciones sobre las cosas que hace o dice. Yo jamás usaría su ordenador sin permiso, ni dejaría cosas tiradas en mal sitio en su casa, ni dejaría platos sucios, ni llamaría a su marido a las 6 am (tras venir de fiesta) para que me abra la puerta porque no puedo hacerlo yo. Yo no lo haría. Pero sé que a ella le daría igual que yo lo haga, porque le parece normal. Mi hermana es lo más cercano a una princesa, con el agravante de que siempre me ha tomado por su servicio.

Si no fuéramos familia no seríamos amiga, estoy convencida.

Ahora, el que se haya ido me provoca una cantidad de sentimientos encontrados que trato de poner en orden. Sobre todo porque pasa el tiempo, ya casi ni lo noto, ya confundo la 2da navidad aquí con la 3era, hablo de vosotros porque me facilita la vida, uso palabras en catalán indistintamente, tengo poquísimos amigos aquí y allá. Y no es fácil.

Miro para adelante y hay puntos de mi vida que no sé donde imaginar. No sé dónde voy a vivir dentro de 10 años, aunque mi tierra natal me quede cada vez más lejos. Mi madre me cuenta que a Primita Hermanita Menor la intentaron meter en la parte de atrás de una furgoneta un viernes a las 2 de la tarde. Nadie sabe para qué. Y que a su amiga de toda la vida, al igual que sus hijas, las han asaltado a plena luz del día. Y que en la zona pija de la capital mataron a una joven a quemarropa. Y que no se puede ir a ninguna parte, porque ya no hay horas ni zonas ni barrios seguros. Yo rezo cada noche para que no les pase nada a mis amigos, ni mi familia, me asusta que me necesiten y no estar. Pero no quiero volver.

¿Y entonces?

Me fustigo, a veces, pensando que reniego de tantas cosas, de la gente que me abrazó tanto, de mi propia familia. Y en parte es lo que hago, porque cada día borro más el trazo de mi crianza y me amoldo más a donde estoy.

Normal, lo sé, pero me crea una sensación de vacío enorme, que a ratos carcome con furia.

Son esos días, esos meses, esos…

Yo qué sé.

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