Posts tagged vamos de paseo eh! eh! eh!

Ojos de turista

Ayer fui a pasear por pueblitos y ciudades cercanos al sitio donde vivo, con la comitiva extranjero-nacional que ya he comentado. Íbamos a aventurarnos al bosque tropical lluvioso, pero tenía mucha pinta de que iba a llover así que variamos los planes.

Aunque los pueblitos y ciudades pequeñas de este país no son su mayor atractivo, lo divertido del viaje fue darme cuenta de cómo se desplaza la percepción de un sitio en cuanto lo miras con distancia.

Vi letreros que nunca había notado, flores dibujadas en el cemento de las aceras, calles que nunca reparé que llevaban de un sitio a otro.

Me gusta cuando algo me provoca esa mirada extrañada hacia lo que tengo ya asumido. Lo mismo me pasa en Barcelona… cuando hay visitas, suelo disfrutar más de lo bonito (y sigo en mis trece de que aquí no creo que vuelva a vivir, pero prometo dejar de hablar del tema, creo que es el más recurrente de los recurrentes)

Ahora, esa misma distancia me hace mucho más crítica para cosas que deberían darme igual. Y no me explayo en el tema porque “pa’ qué”, pero a veces tendría ganas de no notarle los defectos a mi familia. Sería más fácil ¿no?

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Reporte noruego

En cinco días he conocido Oslo (ciudad adorable, por cierto, a pesar del mal tiempo) y sus alrededores, he estado en Bergen (vi poco, llovía  a cántaros) y ahora estamos en Balestrand, un pueblito diminuto y hermoso en medio de montañas y fiordos. De hecho, frente al hotel tenemos una vista espectacular (a pesar de la lluvia) del Sognefjord. Entre las montañas y la niebla, entiendo por qué hay trolls y seres fantásticos.

Sobre el comentario de Fanma sobre los nombres de los sitios, El Hubby me explicó que J.R. Tolkien era un pirado de la mitología vikinga, así que muchos de los seres que incluye en El Señor de los Anillos tienen similitudes con seres mitológicos de estas tierras y los nombres también. Yo creo que entre tanta montaña y bruma hay bichos, que sí, los trolls  y los elfos existen.

Por el lado bueno, me he enamorado de este sitio aunque el buen tiempo se haya quedado en Barcelona. He conocido familia y sitios importantes para El Hubby. Esto incluye la casualidad de que la casa en la que nos estamos quedando (hotel-pensión) es la misma donde nació el abuelo de El Hubby. Nos enteramos después de haber reservado.

Otra curiosidad: los túneles interminables. Ayer pasamos por decenas de ellos, el más largo de 7519 metros. Pensamos que sería el más largo, pero hoy nos tocó uno de más de 7,8 km. Impresionante.

Por el lado malo, tengo cuatro días de estar enferma. En resumen, tras comer mucho muchísimo, mi estómago petó. Pasé una noche entera sin dormir, mareada y vomitando (no daré detalles…). La segunda noche de malestar fuimos a urgencias, ya que había pasado el día comiendo gallestas crackers y cené espaguettis hervidos… aún así me sentía fatal. Como en todo el planeta fue una larga espera, compensada por una amable doctora china super guapa y amable que me diagonosticó gastritis e inflamación en el colon. Las dos cosas a la vez. Jeeeey. Me medicó, aunque tendré que ir al doctor en cuanto llegue a Barcelona para hacerme la temida gastroscopia y quien sabe qué más.

Sigo un poco malilla, como pan integral con pavo, manzanas y yougur, básicamente, lo cual es una putada enorme en el país de las gambas, mi marisco favorito. Pero la pasé tan mal los primeros días que ni loca me pienso hartar de nada que me pueda joder. Eso unido a que me sigue doliendo un poquito y la comida a veces no acaba de sentarme bien. Como diría uno tío de El Hubby “¡A quién se le ocurre enfermarse en vacaciones!”.

Como consecuencia mis ánimos fluctúan entre muy bien y más o menos, pero pasear siempre me pone las pilas y me niego absolutamente a no pasarla genial.

Mañana vamos un poco más al norte aún, a Trondheim, donde estaremos hasta la próxima semana.

Abrazos, saludines, besos.

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Preparación prevacacional

Hoy me he pasado el día entero en actividades productivas: viendo Sex and the City, episodio tras episodio y haciendo una funda-geisha para mi móvil. Se llama preparación pre-vacacional.

Pues parece que mañana salgo hacia Oslo, aunque no he hecho la maleta… Después de Oslo iremos a Bergen en coche, y de ahí hasta Trondheim. Veremos cómo me va de pescadora y si es verdad que el bacalao fresco sabe bien. Prometo buscar trolls, comer salmón y gambas hasta que me salgan por las orejas.

Tras la aventura norueguil, vamos a Tenerife a ver a los suegros y amigos de El Hubby… y a echarme en la playa, que no me gusta mucho pero se va a acabar el verano sin haberlo hecho… ¡y eso no!

Probablemente no tenga internet muy a mano, así que espero que agosto sea genial. Nos vemos a finales de mes. No hagáis mucho desorden mientras no estoy ¿eh?

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Viajeros (II Parte)

El post anterior lo escribí en el aeropuerto de Madrid, antes de subirme en el avión a Barcelona. Así, no sabía el siguiente capítulo de la historia del chico y su abuela (no que sepa el final, aviso, soy una sensacionalista).

Aparte de los tipos de viajeros, he de decir que es fácil identificar dos tipos de restaurantes en los aeropuertos, a saber:

1.los caros-baratos… esto quiere decir que puedes comerte alguillo por unos 14 euros. El peligro es que en el 99% de los casos la comida es asquerosa. Para muestra debí haberle sacado una foto a mi plato de pasta a la carbonara, que juro que parecía…mejor no lo digo, pero era terrible. La ensalada que lo acompañaba estaba tan marchita que me costó entender que esas hojitas marrones eran lechuga. ¿Qué por qué no reclamé? Porque antes había estado en la otra opción de restaurante y vi a una chica tirar su hamburguesa tras haberle dado un solo mordisco. De más está decir que tiré el plato entero, el segundo bocado me había provocado naúseas.

2. los caros-caros… esto quiere decir que el plato ronda los 30 euros o más. Pienso que es muy caro para tratarse de una comida de aeorpuerto, necesaria pero no realmente disfrutable. Puede estar bueno o no, depende de la suerte del viajero. En todo caso recomiendo, en caso de hambre extrema, ir directamente a este sitio.

Con hambre, y asco esperé a que abordara casi todo el avión antes de subirme. Cuando llego a mi mini asiento (que tengo las piernas largas, entiéndanlo señor de las aerolíneas) me encuentro con la abuela sentada en el asiento del pasillo y su nieto al lado. Resulta, entonces, que su destino final era Barcelona, por lo tanto es ahí donde les harán el control migratorio.

Les explico que ese asiento vacío en la ventana es mío, la abuela me dice “pues que te den otro asiento”. Como la he visto y sé que le cuesta moverse, en vez de perder la dulzura del carácter llamo a la sobrecargo. Me informa que el avión va lleno, así que ayuda a la abuela a levantarse, el chico sale, yo entro.

Todo bien… hasta que noto que el chico tiene esa magnífica costumbre de usar el reposabrazos como si sólo le correspondiera a él, así que me hago pequeña para que no me clave el codo en las costillas, incluso me recuesto hacia mi lado derecho, contra la ventana, pero pronto noto que el chico lo interpreta mal y cada vez se acerca más a mi lado. Intento diversas estrategias, nada funciona. Acabo con dolor en el lado izquierdo, menos mal que es un vuelo corto. Como si esto fuera poco, el chico lleva la nariz casi pegada a la ventana todo el tiempo, está encantado con la vista panorámica de Barcelona que se ve desde el avión y yo histérica de llevarlo encima durante el viaje. ¿Qué por qué no reclamé? Porque soy más vergonzosa de lo que nadie podría imaginar, desagraciadamente.

Como entenderán, cuando finalmente logro bajarme (de última, de hecho, porque la abuela tiene que esperar que salgan TODOS los pasajeros para que la ayuden) ni me importa ya si están o no están. Los veo en la fila de no residentes, yo me meto en la fila de UE con mi tarjeta de residente y no miro atrás… mi humanidad se borra con tres o cuatro codazos en las costillas.

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Viajeros (I Parte)

Con el tiempo y tantas idas y vueltas de un lado al otro del charco, he aprendido a detectar a tres tipos de pasajeros:

-el autóctono y/o residente
(este es el más fácil). Conversa con otros de su mismo grupo de autóctonos y residentes, detecta acentos y se agrupa según ellos. (Para que no digan que no hay una España unida, carajo) La variante es el autosuficiente, que no necesita hablar con nadie para sentirse tranquilo, le da igual quién esté alrededor.

-el turista experimentado. Hacer colas, trámites y embarcar no le supone ningún problema. Se le ve con su laptop, un libro o una revista o escuchando música. No pregunta demasiado, prefiere mirar pantallas y actuar según las reglas.

-el turista ansioso. He aquí dos sub-especimenes diferentes. El primero sería el que realmente es turista, pero es su primer vuelo o su primer vuelo transoceánico, o padece de miedos variados hacia los aviones. El segundo caso es el del turista que se le ve que no es nada más turista, está emigrando legal o ilegalmente y se mueve con la carga emocional que esto significa.

Así, estoy casi segura de que ese chico que venía al lado mío era del segundo caso del turista ansioso. Incluso me atrevería a decir que sus intenciones no eran dos semanas de paseo por España. Viajaba con su abuela, una señora de al menos 90 años, muy muy viejita y arrugada. La señora caminaba con bastón distancias cortas y le buscaron silla de ruedas para subirla y bajarla del avión, casi no comió, arrugaba la cara con pavor cuando el avión se movía de más. El muchacho, para mi sorpresa, le habló lo mínimo, en realidad la ignoró las 10 horas de vuelo hasta el punto de hacerse el dormido cuando la vio venir acompañada por una sobrecargo, tras colarse en primera clase.

Podría tratarse de un viajero primerizo, también, pero su nerviosismo no se detuvo ni un momento. He visto otros primerizos, y en cuanto pasan los momentos de tensión (despegue- aterrizaje) se calman. Este chico, en cambio, miraba como ratita asustada cada movimiento alrededor y sé que no durmió porque lo vi moviéndose sin parar durante todo el viaje.

Cuando abrieron las puertas del avión el chico y la abuela seguían sentados. Él no había logrado terminar de llenar el formulario de inmigración que te dan… se quedó pegado en la dirección prevista que debía poner.

Al salir de la puerta había un policía de inmigración. Nos preguntó a varios la nacionalidad. Yo, que cuando quiero soy muy chulita, le ofrecí enseñarle mi DNI de residente comunitaria. Me dejo ir sin verla.

Me pregunto si habrán parado al chico y su abuela al salir del avión.

(to be continued… mañana… el caso de una residente con dolor de brazo y el final de la historia del chico y la viejita…)
ps. de vuelta en mi casa… ¡taaaaan feliz!

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