Escatología teatral… decía Tristan Tzara, dadaísta a morir, algo así como que el arte es mierda. Dada es, por lo tanto, mierda, pero a partir del momento del manifiesto declaraban su intención de cagar en colores bien combinados. Genio y figura… o, antes muerto que sencillo.
Patetismo teatral… el pobre Eugene O’Neill fue un desgraciado. Se murió su hermano con dos años, de sarampión, contagiado (algunos dicen que a posta) por su otro hermano. Su madre morfinómana, su hermano alcohólico (tanto que no pudo ir al entierro de su madre), dos hijos se le suicidaron. Así, no hay Premios Pulitzer (ni siquiera tres que ganó) ni Nobel que contente. Como dato curioso, su hija de 17 años se casó con Chaplin cuando él tenía 54. Tuvieron ocho hijos que O’Neill no conoció, porque la hija se fue enojada y no volvieron a verse. Una de las nietas del Mr. es Geraldine Chaplin.
Colmo de lo macabro teatral… Sarah Kane escribió en Psicosis 4.48 que tenía planes de “tomar una sobredosis, cortarme las venas y colgarme”, todo junto para que no pudiera malinterpretarse como un grito de ayuda. Seguro que la gente pensó que su escrito era un grito de ayuda. ¿Y qué hizo? Se metió una sobredosis, y como la salvaron… en el hospital psiquiátrico se colgó con los cordones de sus zapatos. Las venas no necesitó cortárselas.
Ironía teatral… Tennessee Williams, además de tener una hermana esquizofrénica a la que le practicaron (y muy mal) una lobotomía, era gay miedo a escondidas y un día se volvió alcohólico. Y murió… jajaja, perdón, pero a mí me hace reír, atragantado con una tapa de un bote de pastillas. No es serio este cementerio.
Hoy ando de un humor… digamos… curioso.









