Recetas para un estómago feliz…

Señoras y señores. Existe una especie humana bastante particular. Se les llama médicos y suelen pasarse muuuchos años para entender el funcionamiento del cuerpo humano. Yo personalmente les tengo respeto –incluso miedo, las cosas como son –, porque creo que los que se toman en serio su trabajo son esenciales.
Pero luego están los pasotillas… los que te recetan sin hacerte un pinchísimo reconocimiento. Como mi doctora general. Es amable, simpática y sonriente… pero si puede recetarte sin acercarse a menos de dos metros, para ella mejor. Así, fui el año pasado y me mareó con un par de indicaciones que a la larga no han servido para nada. No me mando ni medio examen, a pesar de que tenía síntomas serios (es que yo creo que no poder comer durante un mes seguido sin tener malestar y náuseas es importante, como es importante que seis meses después de recetada lo que me mandó no me haga efecto alguno… y que te pases una noche cada quince días, en promedio, sin poder dormir por el asunto… igual la pifió, digo yo, tonta que es una).
Cual buena heroína moderna, tomé la justicia por mis propias manos e hice lo que hacemos los simples mortales dejados a la buena de Dios… atajar los desencadenantes del malestar, sin saber muy bien qué los causan.
Como sé que mis dolores y molestias de barriga no pueden ser normales, decidí dos cosas: la primera, no tomar más de dos bebidas alcohólicas. Sí, como leen, dos es la cuota máxima de esta servidora. Con tres acabo vomitando y mareada durante las siguientes 24-48 horas. De verdad, no exagero. Tres cervezas son graves, tres vinos son muy graves y tres whiskeys son terror y miseria, condena eterna. Así que tomo dos y luego me gasto lo de los cubatas en tónica con una rodajita de limón o agua, directamente.
Segunda medida: hacer dieta. No se trata de bajar de peso, aunque agradezco el kilo que he bajado en una semana. Se trata de que ya he visto que es automático: exceso de cualquier tipo= síntomas con fuerza. No puedo comer leche entera ni derivados… eso hace años, pero ahora le sumamos la cantidad de comida de cualquier tipo, la forma de preparación, el número de comidas al día. O sea, que estoy hecha una delicada, directamente, pero me negaba a aceptarlo porque qué buena es la comida, por amor a Dior! Así, hervidos, a la plancha, al vapor, al horno… poca o nada de grasa, vegetales y frutas por un tubo, nada de chatarra.
Pero como nadie es perfecto y esta vida parece de carmelita descalza, he vuelto a caer en el vicio del tabaco. Sí, mal, lo sé… después de siete meses… pero ya está, nada qué hacer por ahora.
Y finalmente, la mejor de las soluciones: una Motilium antes de comer.
Atiendo por las tardes, pedir cita con mi secretaria. Tarifas buenas, buen trato, muy limpio.
Para que luego hagan campañas contra la automedicación…
ps… basta que diga que no posteo para largarme un post kilométrico…