Hace unos meses conocí a Pequeña Argentina-Francesa. Entre intercambios de obras teatrales y libros, también me ha invitado un par de veces a un concierto del grupo de un amigo suyo.
La primera invitación, hará cosa de unas tres semanas, la rechacé porque me dio pereza, pero iban varios de mis amigos. Sin embargo, pensé en una “friendemy” de triste recuerdo -llamémosla Loquiña- sin saber muy bien por qué. Loquiña se me quedó en el pensamiento varios días.
Ayer por la mañana Pequeña Argentina-Francesa me envía otra invitación, tocaban anoche antes de irse de gira por ahí. Tuve la corazonada de que la Loquiña algo tenía que ver… mi única pista es que toca el piano, pero se me metió entre ceja y ceja que… en fin.
Me voy a la página de myspace del grupo… y sí, es ella. Está ahí en la foto, sonriendo.
No creo en las casualidades, si no en lo causal, aunque a veces no sepas seguir la línea de acontecimientos.
Las cosas con Loquiña acabaron mal… ella usó cosas personales mías para herirme de la peor manera… de esas que confiesas por confianza extrema. Y le hizo creer a mi empleador ocasional de entonces que yo seguía de vacaciones en mi país, para ir ella a trabajar en vez de mí. Todo esto en mis narices, ya que esa semana quedamos dos veces y no me dijo lo que estaba haciendo por las mañanas: sí, trabajando en mi nombre porque yo “seguía de viaje”.
Me quemé con Loquiña.
Pero verla metida en un grupo me dio gusto; sé que es una chica que tiene talento –y mala leche también- y que le gusta el mundo artístico. Y también me dio morriña. Mucha. Primero me corto la mano antes de llamarla o buscarla otra vez, me hizo daño y no le tengo rencor pero no la quiero cerca… pero la nostalgia es taaaan cabrona.
Me pasa con mucha gente que, adrede, he dejado atrás… tengo que aprender a condenar algunas puertas.
