Hola, amigos y amigas. Antes de terminar el año nos pareció muy apropiado compartir con todos ustedes una serie de sencillas normas que pueden aplicar al ser visitantes en una casa ajena. Agradecemos de esta manera a mi “Amiga Amor-Odio” que adelantó su visita para estos días, tan afamada amiga…
También queremos dejar constancia de que El Hubby tiene muy buen corazón, pero de ahora en adelante será menos escuchado cuando diga que es “feo” decirle a “Amiga Amor Odio” que “no venga”. Finalmente, agradecemos a la propia BlackBetty por blandengue… las experiencias vividas en las últimas 120 horas le han enseñado que ser bueno es una cosa, y ser imbécil es otra totalmente distinta. Ella es la última responsable de lo que ha pasado y acepta su culpa sin arrugar la cara. Jura, eso sí, que nunca mais.

He aquí las conclusiones a las que hemos podido llegar.
Pre-norma:
1. No le mande un mail manipulador y lacrimógeno a su anfitriona el día antes de pedirle posada. Sobre todo si tiene cinco meses de no dar señales de vida, y el último encuentro en vivo fue tan desafortunado. Al ser tan seguido un mail con otro, no le da tiempo a su anfitriona de procesar la estrategia que usted ha urdido, y ella cae en la trampa. Usted deja en evidencia, a la larga, que es muy astuta, pero también muy mala. Y ser mala está muy feo.
Normas: si usted, amable lector, amable lectora, se ve en ocasión de dormir unos días en casa de un amigo, recuerde ante todo las siguientes normas básicas.
1. Compre comida si así lo desea, pero no cometa el error de medir al milímetro lo que compra en días y horas. Calcule, pero no sea obsesivo u obsesiva. Sobre todo si la anfitriona la ha visto en otras ocasiones hacer cosas como llevarse, al final de una fiesta, una botella de whisky con un sobrante de un octavo, un cuarto de botella de agua con gas y un limón. Es de muy mal gusto que su anfitriona le vea comiéndose, a usted y su esposo, el triple de tostadas de las que ha comido cada día, con el triple de jamón y queso del que le había puesto cada día, dos yogures, dos barras de cereal y tres vasos de refresco (cada uno) la mañana antes de irse. Usted corre el riesgo de dejar en evidencia que no quiere que quede nada que usted haya pagado en casa de sus anfitriones. Y sobre todo, si queda UN yogurt, no lo notifique como un regalo para la anfitriona, ya que ella puede comprarse sus propios yogures y la ofrenda le cae como una patada en el hígado. Hacemos hincapié en este punto porque usted tiene que saber que ser miserable es el peor defecto posible para demostrarle a quien lo acoge en su casa durante cinco días.
2. Ofrézcase a perdonar la deuda de 9 euros que su anfitriona tiene con usted. No tiene que perdonarla, sólo ofrézcase. Después de todo, la anfitriona la obtuvo cuando a USTED se le ocurrió ir a cenar por SU aniversario. Además, piense que 9 euros no son nada, comparado con el gasto que hubiese significado un hotel para usted y su pareja. Con esta simple regla usted demuestra que no es una persona miserable (ver punto uno para evitar dicha percepción) y le aseguro que la anfitriona le pagará de todas maneras, pero con una sonrisa en la cara. Así usted cumplirá con una forma social que a veces es agradable.
3. Pregunte cuanto quiera de la vida de sus anfitriones, pero sea discreto o discreta. La confianza, en exceso, da caso. Preguntas del orden de “¿cada cuánto limpian?” o “¿cuándo viene la señora de la limpieza?” u órdenes como “recoge eso, así se ve más ordenado” no son adecuadas, en caso de que no lo supiera. Denotan que usted piensa que el piso está sucio, desordenado y si ese es el caso… probablemente está más sucio y desordenado de lo normal justamente por su visita. Si está desordenado, de todas maneras, es problema de la anfitriona, para sus obsesiones tiene usted su casa, si tanto le molesta ¡adelante con la escoba! y la próxima vez busque un hotel, ahí limpian y ordenan cada día.
4. Si la anfitriona le ofrece comida, acéptela; la hizo para usted, también. Si no es de su agrado, argumente estar muy llena y pruebe un poquito, probablemente no se va a envenenar. Comentarios como “puagh” o “qué asco” sobre comida preparada por su anfitriona no son agradables, a la anfitriona le dan ganas de tirarle la olla de crema de zanahorias en la cabeza. Unido a este punto: Si el agua que compran en casa de la anfitriona no le gusta, compre sus propias botellas. NO es necesario decirle a la anfitriona que el agua que ella compra sabe “fatal”, de hecho si usted compra sus botellas, la anfitriona asumirá que es por colaborar.
5. Y final… No haga aseveraciones sobre la anfitriona que usted ya no sabe si son reales. Hablar del carácter de una persona a la cual usted le escribe una o dos veces al año es un error. Sí, usted conoce a su anfitriona hace muchos años, pero también es verdad que los últimos 5 años han sido decisorios en muchos aspectos y usted no estaba ahí. Tome en cuenta que de recuerdos no vive nadie, y con esa actitud criticona y o burlona, usted únicamente confirma lo que su anfitriona ya sabía: poco les queda en común y esta será la última vez que ella comparta tantos días con usted. De ahora en adelante un café en grupo será mucho más que suficiente, y será sólo en caso de no poder evitarlo.