No soporto a Jim Carrey haciendo el imbécil, es una cosa de principios. Me gustan las películas en que hace de ser humano normal, es decir, un par de todas las que ha hecho en su larga carrera (de hecho me gustan mucho: “The Truman Show” y “Eternal Sunshine of the Spotless Mind”). Pero hay una avergonzante excepción: “Liar, Liar”.
Probablemente no es tanto su interpretación como el principio de la película. Para quienes no la hayan visto, básicamente es un padre (Carrey) cuyo hijo pide por su cumpleaños que pase un día entero sin poder mentir. El sueño se cumple y Carrey, hasta entonces un mentiroso profesional, las pasa canutas en todos sus entornos. Todo cuanto le preguntan tiene que responderlo con la verdad, si no, no puede ni hablar.
La tesis esta de un día sin mentiras me llama la atención. Odio que me mientan, y se me da fatal mentir. Como cualquier persona es probable que suelte algunas de vez en cuando, o que matice cosas para que suenen menos mal… pero no decir la verdad me provoca un desasosiego terrible. Alguna vez me he despertado cuatro horas después de irme a dormir sólo para confesar que mentí. Siempre he sido transparente, creo que soy un libro abierto. Incluso creo que mi vida sería más fácil si limitara más las verdades que digo, porque tengo la sensación de que la gente –en general – no aprecia que se le responda con la verdad, al menos en casos que puede herir sus sentimientos.
No critico a la gente susceptible, porque curiosamente yo también tengo problemas para encajar las críticas en algunas ocasiones, pero he aprendido que es MI problema, no de quien me dice algo.
Esto me recuerda otra película, “What women want”, en la que Richard Gere Mel Gibson ( lapsus tremendus, gracias Gaby) adquiere el don de escuchar los pensamientos femeninos. Lo que en principio le parece una maravilla llega a un punto donde lo sofoca, no puede más, le anula la normalidad de su vida, lo está volviendo loco.
Mezclo las dos y llego a una conclusión que me parece triste: las verdades sin filtro provocan lo peor, las relaciones humanas están basadas en lo que NO se dice, tanto como en lo que SÍ decimos.
Y a mí que me enseñaron que era malísimo mentir…
Ilustración: RABODIGA


