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Black Betty y el caso de ser mala amiga

Veo en el perfil de facebook de La Malagueña un estatus que me pone en alerta. Sospecho que le ha pasado algo, y gordo, y así como soy buena para decir la verdad, también soy sincera con mis sentimientos y me importa. Le envío un mensaje diciéndole que lo vi, que espero que esté bien y que le mando un abrazo.

Me responde que su padre murió hace un par de semanas.

Me quedo de piedra.

Luego me trata un poquito o bastante mal, cosa que entiendo y acaba borrándome del facebook, cosa que también entiendo. Sé que en su momento le expliqué lo que pude y que la ausencia de lo demás, si bien tenía como propósito no herirla innecesariamente, acabó por herirla el triple. Sé que piensa que soy la peor amiga del mundo.

Pero igual me quedé de piedra, o para ser más precisa, me hice de arena. La verdad que su reacción, un poco agresiva, me dolió. Siento que me está reclamando no estar con ella en este momento… pero yo no tenía cómo saber que eso iba a pasar, y de haberme enterado la hubiese acompañado.

Y quiero no sentirme mala persona, recordar que tomé una decisión consecuente con lo que pensaba y sentía… pero me sigo sintiendo como un zapato. Mal. Mala persona, mala amiga, mala gente. Ya sé que si lo pienso y me sienta tan mal probablemente no lo sea, pero… en fin…

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Embarazada*

“Nooooooooo, no estoy embarazada………” (V.Artabria dixit)

embarazada

Iba un día cualquiera para ensayo. Tenía que ir a la planta -4 y estaba en la cero. Subo al ascensor, voy a la -1  a buscar los objetos que necesito. Salgo del vestuario llena de bolsas, apenas si puedo moverme. En medio de lo que llevo, sobresalen un oso y una vaca de peluche, un ovillo enorme de lana con agujas y un trocito tejido.

Un chico, guapillo y simpático, se acerca y me sonríe. Presiona el botón para llamar al ascensor. Le agradezco el detalle, porque yo llevaba un minuto sin conseguirlo. Llega el ascensor, me deja pasar primera y me pregunta dónde voy. Presiona el botón de la -4. Vuelvo a darle las gracias. Él vuelve a sonreír.

Me dice “Sí que vas cargada” o algo similar. Le respondo cualquier cosa. Me dice un par de cosas más: “¿Lo has hecho tú?”, le explico que no, que lo hace una amiga. Me dice que igual puedo aprender porque tengo tiempo y algo así como que qué bonito, o qué ilusión. Realmente voy muy cargada de cosas como para poner más atención, pero me sonríe tanto y es tan especialmente amable, que cuando me bajo del ascensor me da la sensación de que me estaba tirando la caña. Pienso que tiene gracia que diga qué bonito o qué ilusión a un grupo de bolsas o frente a la idea del ensayo, pero qué queréis que os diga, en teatro hay gente muy rara.

Llego a ensayo, dejo las cosas y cuento la historia, sonriente y muy chula, de que un chico en el ascensor me estaba tirando la caña… yo, señores, jugando de estupenda y, encima, de chula porque ni caso que le hice. Yo, la sex symbol. Yo, la encantadora. Yo, la carismática… bueno…

Voy al baño antes de empezar a ensayar. Me miro en el espejo y de repente tengo una iluminación: voy con esa blusa corte imperio taaaaan ancha que tengo y con leggins. El chico, que probablemente NO sea de teatro, sumó uno más uno más uno: blusa ancha+juguetes de bebé +lana y agujas de tejer = está embarazada.

Así, con “tienes tiempo para aprender”, quiso decir que veía que estaba embarazada pero aún no se me veía el niño saliendo entre las piernas. “Qué bonito” o “qué ilusión” se refería a la criaturita por venir. Y las sonrisas y amabilidad fue producto de su buena educación que dice que hay que tratar bien a las mujeres en “estado”.

Vuelvo a ensayo.

No digo una palabra.

La versión oficial es y seguirá siendo que el chico me tiraba la caña, y que yo, cuan digna soy, no le hice ni caso.

Sigh.

*gracias a Artabria por la idea indirecta del post, o no sé si darte las gracias porque qué vergüenza de historia…

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Ploure, plorar

Ilustración: Renee Velmont

Alguna vez (creo que en el otro blog) conté que en mis primeros cursos de catalán confundía el verbo ploure (llover, pronunciado más o menos plóura) con plorar (llorar, pronunciado más o menos plurá). Waiting me contó que hay quien aprende castellano y también los confunde… y creo que el lapsus tiene su motivo.

Días grises, tantos seguidos, han acabado por mojarme el ánimo. Hoy ha sido un mal día. A pesar de los abrazos y las sonrisas. Malo malo malo.

Yo que pensaba que la primavera estaba ya casi aquí y ahora ha dado un pasito atrás.

Hoy descubrí otra tontería, pero no es casual: definiciones de la RAE para depresión… paso de sacar las conclusiones evidentes… en fin… bona nit.

DEPRESiÓN:

3. f. Período de baja actividad económica general, caracterizado por desempleo masivo, deflación, decreciente uso de recursos y bajo nivel de inversiones.

4. f. Psicol. Síndrome caracterizado por una tristeza profunda y por la inhibición de las funciones psíquicas, a veces con trastornos neurovegetativos.

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6,2 en la escala emocional

Como la mayoría de ustedes (así, tratados con respeto) saben, nací en Costa Rica. Los que no sabían se acaban de enterar… En todo América Central hay una serie de placas tectónicas que producen una buena cantidad de temblores al año. Pero cada cierto tiempo tenemos terremotos. La diferencia entre un temblor y un terremoto es que estos últimos son de mayor magnitud y causan daños importante, como el de ayer en Costa Rica, de intensidad 6,2 en la escala de Richter. La escala es bastante curiosa, pues un temblor de 6,2 como este es 10 veces más violento y dañino que uno de 5,2. Un grado en la escala multiplica los efectos exponencialmente. Tanto que una intensidad de 10 es igual en destrucción e impacto a un meteorito.

Desde que nací, he sentido infinidad de temblores, pero pocos terremotos. Bueno, pocos… no… bastantes.

El primero del que tengo memoria tendría que ser el del 2 de abril de 1983, con una intensidad de 7,3. Tenía cuatro años y ante todo recuerdo ver el mar demasiado calmado tras el temblor y nuestra salida abrupta al día siguiente, se acabaron las vacaciones pues mis padres querían volver y asegurarse de que todo estuviera bien en la casa.

Después tengo el recuerdo de una cadena de temblores y terremotos bastante seria, que acabó por provocarme pánico a los temblores. Empezó con uno de 7,0 de intensidad un 25 de marzo de 1990, siguió con un enjambre sísmico en mayo y junio del mismo año, un temblor bastante fuerte (5,7) en diciembre y el 22 de marzo del año siguiente culminó con el peor de todos: 7,5 en la escala Richter y con una duración de 40 segundos. Al final, y entre otros efectos, la costa del Atlántico se levantó hasta dos metros de su nivel original. Fue impresionante, en realidad fue absolutamente aterrador.

Efectos del terremoto de Limón, 1991

A partir de ahí y durante un año, dormía con la manta medida para salir corriendo, las zapatillas donde yo calculaba que quedaban mis pies al bajarme de la cama, con la puerta de mi habitación abierta, una bolsa debajo de la cama con ropa, un foco, baterías. Nadie me podía convencer de comportarme de manera racional.

Lo superé gracias a una película, no recuerdo cual… empezó a temblar y estaba por acabarse, así que escogí ver el final.

Para que luego digan que los psicólogos son necesarios (bromita…).

En todo caso, a lo que iba… es increíble las cosas a las que un ser humano se acostumbra, pero puedo dar fe de que los terremotos jamás entran en la “normalidad”. No hay forma de imaginarse lo que es, lo que se siente, si no se ha vivido. Pero una vez que has pasado uno, dos o tres, en cuanto empieza a moverse el suelo temes que sea uno “serio”.

Esa sensación de estar en desventaja frente a un evento que puede ser tan catastrófico me impresiona. Los quince muertos y contando, el kilómetro de carretera hundido, los centenares de casas completamente destruidas y las miles de casas con daños, los heridos, las 30 mil personas sin agua desde ayer, las dos mil personas que duermen en albergues, los que siguen desaparecidos, las 400 personas atrapadas en la montaña, durmiendo a la intemperie por la imposibilidad de llegar hasta el lugar… es demasiado.

Efectos del terremoto de ayer, cerca del Volcán Poás

Sigo odiando los temblores, pero más odio estar lejos cuando hay uno. Ayer hubo terremoto en Costa Rica y a las 4 de la mañana yo seguía despierta, pensando en familia y amigos, absolutamente impotente y frustrada, con mi propio temblor por dentro.

Para tranquilizarme recuerdo el dicho conocido, ese que dice que las malas noticias llegan primero.

ps. Mis papás se reportaron, están bien. Mi familia igual. Mi mejor amigo y su familia (que viven muuuuuy cerca del epicentro) también están perfectamente bien.

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Gracias por el cumplido

Por este post de Fanma, me puse a pensar en esas frases que no sabes si tomarte como halagos o hachazos directos a la yugular. Hay, en mi memoria inmediata, unos cuantos que jamás sabré interpretar. Hélos aquí, el top four de cumplidos… o no….

4. Este año estás irreconocible. Estás super amable, tía. (Compañera del Institut, lo dijo sonriente y sin malicia aparente)

3. Me sorprendió tu trabajo final, es impecable, y yo que pensé por tu forma de hablar que eras bluff. (Profesora de Literatura tras darme la matrícula de honor)

2. Qué “repuestita” estás. (Una de mis tías, hablando de mi peso)

1. Déu n’hi do, nena, si que entens el català! (tres años después de que vivo en Barcelona, dos cursos de idioma y clases 8 hrs al día en catalán…)

La gente… de verdad…

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Nos hacemos viejos, señores.

Un resacón de dimensiones épicas me ha tenido tumbada toda la tarde, con mareos y náuseas. Tengo el estómago hecho pedazos. Lo extraño es que es la segunda vez que me pasa sin que la ingesta alcohólica sea nada del otro mundo. La vez pasada lo justifiqué con el cambio de whisky bueno a whisky “lija”. Pero anoche tomé vino tinto más o menos decente, no era un Muga del 95 pero tampoco uno de tetrabrik. Me cuidé de no mezclar (esa lección la aprendí ya) y de no mezclar con vino blanco tampoco.

Y ojo, que no me tomé siete litros yo sola que expliquen mi deplorable estado. Porque una cosa es tomarse la reserva de vino de todo Catalunya y que después me dé gastritis y dolores de cabeza y demás. Esto es normal, esperable y difícil de reclamar. Otra es tomar sin llegar a ningún momento crítico ni estado deplorable ni mucho menos, llegar a casa por mi propio pie sin contratiempos, tener claridad y bienestar para hacer las cosas normales de antes de dormir (incluyendo quitarme las lentillas sin sacarme un ojo), levantarme muy bien, fresca y activa y unas seis horas depués ¡pum! Me cae la resaca con retraso y violencia.

No lo entiendo, pero es muy molesto.

Nunca fui una “gran bebedora”, pero podía tomarme siete u ocho cervezas en una noche larga sin hacer el ridículo. Mezclar… bueno, me ponía tipsy pero casi siempre el día siguiente avanzaba sin problemas.

Y ahora… me toma entre 24 y 48 horas reponerme de una fiesta.

A este paso a las próximas fiestas me voy a llevar una caja de tila, que parece ser lo que mi estómago tolera.

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BFF o amigos para siempre you will always be my friend

Desde los 12 y hasta más o menos los 15, estaba obsesionada con ser la mejor amiga de mis amigas. Les preguntaba directamente si era la mejor amiga 1, la 2, la 3. Para mí, competitiva medio reformada, era de suma importancia el reconocimiento de ser mejor, mejor amiga, más confidente, yo qué sé. Hacía numeritos memorables si me enteraba de que no me habían contado un secreto.

Una terrorista emocional, en resumen, pero por pura inseguridad.

Poco a poco fui aflojando, claro, pero siempre me quedó esta idea –bastante extendida por lo demás –de contar con mis “mejores amigas”. Incluso llegó un punto, no hace tantos años, en que tenía un mejor amigo y una mejor amiga. Eran mis puntos de referencia.

Cuando se armó un pequeño caos en mi vida, gracias a que mi mejor amiga digamos que se “portó” muy mal conmigo y en el desastre también entró mi mejor amigo, dejé de pensar en esos términos. Como mucho me atrevo a decir “amiga/o cercana/o” o hago la referencia especificando “mi amigo de X lugar” y con eso zanjo el tema de las clasificaciones. Tengo amigos fantásticos, lo sé, pero yo ya no cuento con nadie como lo hacía antes.

Esa independencia de títulos a veces me juega en contra. Antes era fácil: estaba triste, llamaba a Fulana o a Sutano. Tenía buenas noticias, llamaba a Fulana o Sutano. Ahora, roto el esquema, a veces no tengo a quien llamar… no porque no tenga quien me escuche, si no porque de alguna manera el concepto de que alguien sepa cada detalle de mi vida me crea un poco de manía.

No es resentimiento, ni es cobrar lo que hacen algunos con otros… a lo sumo, un poco de introspección excesiva. Lo malo, al final de cuentas, es cuando tanto pensar qué contar y qué no se traduce en una sensación de desamparo.

Raro.

A veces quisiera volver a mi inmadurez, así llamaría al menos a la mejor amiga 3 cuando la 1 y la 2 fallan.

Ilustración: BubboTubbo

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Varios

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Superflicka puso un reto en su blog. Consistía en, guiados por pistas, adivinar su destino vacacional. Tras una fuerte lucha con Masmi y a pesar de las quejas de Fanma… BlackBetty se impuso. Gané al adivinar “Odessa”… de ahí que hace unos días me llegó Cheburashka, más rusa que ucraniana, pero igualmente querida. (gracias, guapa!)


..

La tristeza a veces me agarra de una oreja, como si hubiese hecho algo malo al olvidarme de ella. Y yo que pensaba que lo malo era tenerla en cuenta.

No me gustan los médicos poco claros. Cuando dicen una cosa en vez de darte el término médico. Eso, o no me gustan los papás protectores que cambian los términos médicos por palabras de estar por casa, para evitarte preocupaciones. ¿Es que no se dan cuenta (médicos y papás) que eso es peor? La imaginación es la enfermedad más grave de todas.

….

Sí. En mi vida ideal me dedico a escribir, a leer iluminada por la luz natural de mi piso de 300 m2 y a planear mis próximas vacaciones entre publicación y publicación.

…..

Por todo lo que no he dormido desde junio… llevo una semana cayéndome de sueño a cada instante.

……

Y final: a veces me encuentro incómoda en mi cuerpo. No me quejo, no es una cosa estética… si no de sensación, de sentirme pequeña o grande frente a según qué circunstancias. Como si me tocara ser yo un día de huelga… es raro.

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Noruega y sus consecuencias

Hay momentos concretos en la vida de cualquier persona que se convierten en un punto de giro. Cambia la acción, como en el teatro, el personaje o bien se decanta por un nuevo objetivo o, incluso más interesante, entra en proceso de anagnórisis. 

Según los trágicos griegos (más bien según Aristóteles… pero ese no es el punto), la anagnórisis consiste en el reconocimiento del fallo trágico del personaje. De eso que lo ha llevado a ser castigado por los dioses o a fraguarse su propia desgracia. Cuando Edipo se da cuenta de cuánto la ha cagado, vamos. 

Así, el viaje a Noruega ha sido una completísima anagnórisis. 

Me explico: 

Durante años he tenido problemas estomacales variados. Cuando terminaba segundo año de universidad (oh, año 97, qué lejos me quedas) estuve varios meses con dolores severos en la boca del estómago. Como le tengo recelo a las pruebas médicas complejas (y para mí una gastrocopia lo es), me aguanté sin hacer nada de nada, oculté que me dolía y el padecimiento acabó por pasar solo. Dejé de tomar leche entera, punto.

Durante estos últimos 11 años diría que he tenido algunas épocas malas, sobre todo los dos años que trabajé de periodista a jornada completa (lo dejé, claro está) y en el último año, más o menos. Pero siempre tenía esa típica sensación de que no era nada grave y que podía aguantar. 

Hasta ahora.

Aparte de pasar casi dos semanas comiendo poco, despacio y escogiendo con lente de aumento las comidas (menos hoy, lo confieso, me comí dos waffles), tener malestar estomacal casi cada día y sentirme mal física/mentalmente, he visto de cerca un caso peor.

El primo-noruego-empresario de El Hubby tiene poco más de 40 años. Vive en una casa enorme, de casi 1000 m2 en total -dividida en dos plantas, un sótano y un ático-. Tiene coches buenos, un trabajo por su cuenta que le produce ganancias, un bote super chuli piruli de 35 pies, una casa en una isla del fiordo que llama “cabaña”, pero es un mini palacete rural, una chica fantástica a su lado y un perro malcriadísimo pero adorable. Junto con eso también tiene o ha tenido diabetes, cáncer en la piel, problemas serios en las cervicales tras un accidente, pérdida de fuerza en un brazo, piedras en la vesícula, piedras en los riñoñes, gota y úlcera. Su bienestar material y el de su familia le ha hecho descuidar su salud, aunque lo haya hecho por necesidad (tuvo que asumir con su hermano la empresa familiar a los 21 años).

Es un poco lo que hacemos los irresponsables, aunque sea en menor escala. Me cuento entre ellos. Siempre hay algo más importante que cuidarse. Hay trabajo por el cual responder, obligaciones económicas, obligaciones académicas… el tiempo es poco y nunca es propicio cuando se trata de ver médicos: siempre hay excusas.

Ver al primo-noruego-empresario temblar del dolor, acostado en el sofá, por un ataque de la vesícula, culmina mi proceso de anagnórisis… he sido una irresponsable, pero no voy a llegar averiada a los 40. Me niego. Cuando las abuelas dicen que la salud está primero los nietos sonreímos, hay mil cosas que podemos imaginar más importantes, más llamativas, más divertidas: pero tienen razón. No hay ningún otro bien, material o espiritual, que pueda reemplazar el acostarse a dormir tranquilo, sin temer despertarse en medio de la noche sintiéndose fatal. 

He pasado dos semanas complicadas, pero mirándole el lado resplandeciente, son el disparo de salida hacia otra forma de verme en términos de salud. Hasta ahora sabía que el cuerpo fallaba, que se desgasta y bla bla bla, pero también me creía -de cierta forma- inmortal, cuando ha sido simple y llana suerte.

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Que te vaya bonito

Mi amiga Amor-Odio me ofrece llevarme a casa de mi amiga La Mamá. Cuando llego…

BlackBetty: Dame un abrazo.
Amiga Amor-Odio: (esquivándome) Espérese que se me va el portón. (el portón por inercia se abre hacia fuera y eso significa dar unos cuatro pasos para cerrar)
BlackBetty: ¿Qué?
Amiga Amor-Odio: Sí, y no quiero salir a cerrar.
BlackBetty: Ah, ok, no me des un abrazo entonces.

A Amiga Amor-Odio le da igual, cierra el portón y no me abraza, a pesar de que se lo pedí directamente. Lo que es peor, necesitaba el abrazo. Me prepara para el round.

Entro en su casa, ni ella ni su esposo están listos. Cuando veo que ni siquiera se han duchado, pido permiso para ver la televisión. La del cuarto de invitados, que es donde me “permiten” estar, sólo tiene canales nacionales. Pido cambiar al cuarto de ellos, donde hay cable.

BlackBetty: ¿Me podés prestar el tele de tu cuarto?
Amiga Amor-Odio: No.
BlackBetty: (pensando que es una broma) Ay, grosera, porfis.
Amiga Amor-Odio: No. Está desordenado, usted a mi cuarto no puede entrar.
BlackBetty: ¿Pero qué importa que esté desordenado?
Amiga Amor-Odio: No. O ves tele aquí o no ves tele.

Primer golpe bajo. Beso la lona pero me levanto otra vez.

Le pido a su esposo, entonces, que me preste su ordenador para tontear en internet. Desde lo lejos la Amiga Amor-Odio hace un comentario, más o menos como “encienda la computadora, entonces”, segundo mini golpe, me habla como si yo representara una amenaza informática. Su esposo viene, me enciende la compu. Estoy 3 minutos y apago todo. Paso de tocarle “sus” cosas. Veo revistas tratando de no hacer ni ruido, las vuelvo a dejar en su lugar exacto.

Una hora después no hemos salido de la casa. Hago una broma.

BlackBetty: ayyyyy, vámonos, tengo hambre.
Amiga Amor-Odio: Si quiere le pago un taxi y se va sola a la casa de La Mamá.

Tercer golpe. No digo nada, pero oigo el conteo, unos segundos antes de quedar descalificada por knock out me pongo en pie una vez más. En silencio repaso mis opciones, me apetece irme pero tuve la genial idea de no llevar mi móvil, así que no tengo a quien llamar. Tampoco llevo efectivo para un taxi y el cajero más cercano está a quince o veinte minutos andando.

Me aguanto como una tonta.

Esta mañana aún me duele la mandíbula de los golpes directos. Los devuelvo con un tímido email al respecto, dirigido a la Amiga Amor-Odio.

A veces pienso que debería revisar mis amistades, porque siendo alguien que veo máximo una vez al año, se me ocurre que podría invertir mi tiempo en mejores cosas. Aunque tenga 18 años de conocerla.

Pienso que se merecería que la mande al carajo.

Y me doy rabia, porque no lo hago.

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