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Black Betty y el caso del estreno

Desde hace un par de días voy con mariposas en la panza. La verdad que racionalmente no me lo explicaba, porque no estoy en tensión ni con pendientes que me preocupen. Pero llevo dos o tres noches de irme a la cama exhausta para luego dar vueltas un par de horas. Cuando me ataca el insomnio se me encienden las alarmas, porque yo básicamente soy un lirón.

Esta mañana, hablando con una de mis compis del CDE (Centro Donde Estudio), empezamos a intentar descubrir la causa.

Y la conclusión es que voy de superada, porque es EVIDENTE el motivo: el domingo me voy a Mi Terruño. La emoción es triple… el miércoles estrenan una obra escrita por mí. El jueves hacen una lectura dramatizada de otra obra escrita por mí. Y doy una conferencia sobre creación, escritura teatral y formación en teatro.

O sea que me espera semana movida.

Algo se está moviendo, esperemos que sea una rueda que siga dando vueltas.

Yeaaaah!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Ps. Al igual que Celes, no puedo acabar el post sin decir: NÜR… espero que el martes llegue rápido y tengáis a Xavi Beruk en vuestros brazos. La noticia de su llegada es de las cosas que más me ha emocionado en cuatro años de bloggear… en estos momentos es cuando te das cuenta del alcance de este mundo “virtual”… di botes como si fuera mi niño, se me salieron las lagrimitas… fue hermoso. Me emociono contigo y me alegro de todo corazón que finalmente tengas a tu churumbel. ¡¡¡¡¡¡FELICIDADES!!!!!

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Lo que me gusta

Para un ejercicio de clase he tenido que hacer una lista de cosas que me gustan… es enoooorme y podría seguirla. La comparto:

La primavera, los abrazos de mi madre, las fresas con naranja, las cerezas, las uvas sin pepitas; los helados de dulce de leche. I feel good a todo volumen. Los viejos tiempos, cerrar puertas, las nuevas oportunidades. Los ataques de risa injustificados. Las mariposas azules. Las novelas de Saramago, John Irving, Lionel Shriver y sus personajes que salen de las páginas para tomarse un vino. Llorar en las obras de teatro. Escribir. El cumpleaños de Chagall.

Recordar, olvidar. Coser.

El vampiro de Munch. Los fiordos. Los niños menores de siete años siempre y cuando no sean míos. Los gatos. Los perros que saben que son perros, y no personas. Los pendientes de colores. Ver dormir a la gente. Abrir regalos. El cordero al horno. Cocinar. El olor del desinfectante. El olor a pintura. La albahaca, la hierba buena y el perejil. El cheesecake new york style. Sacar fotos. Tener razón.

Frida Kahlo, Alejandra Pizarnik, Sarah Kane. Ver el mar. Los lápices de colores. Hacer payasadas como niña pequeña. Mi cama con sábanas recién lavadas. Gala de Dalí. Oírlo cantar. Cantar en la ducha. Que me mimen. Ver sitcoms estadounidenses. Los monitos tití. Dormir.

Revisar precios de pisos nuevos como si tuviera una cuenta con millones en el banco. Comprar libros de tres en tres. Mafalda. Las conversaciones de madrugada con amigos. El Parc Güell. Las canciones tristes de Silvio Rodríguez y las alegres de Celia Cruz y muchas otras que quedan en medio.

Hacer compras de supermercado. Coleccionar objetos inútiles. Tomar agua. La gente inteligente. Aprender. Que me cuenten cuentos antes de dormir. Imitar el acento de los dobladores españoles. Las gambas aunque no puedo comerlas.

Romina y mirá de quien te burlaste vos, Barney. Los cronopios. Las historias de fantasmas. Los que aceptan sus virtudes sin falsa modestia. Los ordenadores Mac. Recibir cartas por correo. La decadencia mercadotécnica de Sabina. Tomar café en casa de mi abuelita. Los libros de artes plásticas.

El olor de los lirios. Las sonrisas. El té.

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Oh, sí, que sea real…

Por ley de compensación universal, parece que aquello de que nos cobren más de lo que me parece justo en el piso viene recompensado.

Hoy, cuando íbamos saliendo a ser chicos sanos al parque de diversiones gimnasio, nos encontramos con dos tipos en la puerta de casa. Llevaban una nevera, la estaban bajando por las escaleras. Al llegar al portal vimos OTRA nevera. Todas nuestras alarmas se encendieron…

Me explico…

Si recordáis esta historia, no os será difícil identificar a mis vecinos como los típicos que jamás deseas tener: además del detallito de que se agreden o eso parece, oyen música súper alto, hacen mucho ruido siempre y a cualquier hora, se les cae la mitad de la ropa que tienden (en mi ropa, claro está), hablan a gritos aún cuando no están enfadados, tienen dos niños que si no lloran se mueren, cocinan siempre cosas que huelen a fritanga… soy mala, pero es verdad, son IN-SO-POR-TA-BLES.

Cuestión que en el piso de arriba llegamos a contar unas ocho personas viviendo en 70 m2. Dos niños y, al menos, seis adultos. Esto en un piso de tres habitaciones pequeñajas, una mini cocina, un mini salón y un sólo baño. Ocho. OCHO. Nunca entendimos por qué, pero desde la escalera se veía una nevera en el salón. Así, llegamos a la conclusión que con tanta gente, se les hacía necesario tener DOS neveras.

Volvemos al principio del post. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡DOS NEVERAS!!!!!!!!

Huele a pintura desde el piso de arriba… no se oyen tantos ruidos como de costumbre… hace días no veo a la chica-que-le-va-la-caña ni a sus pequeños retoños…

¿Será el universo tan fantástico y estos se largan?

¡Crucemos los deditos todos juntos ya!

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¿Cómo saco tiempo para leer tantos libros?

Celes pregunta: ¿Cómo saco tiempo para leer tantos libros?

Bueno…

Para empezar, cuento como anécdota que aprendí a leer y escribir a finales del primer año de enseñanza primaria. Se supone que para entonces debería manejarlo con soltura, pero tardé más. Una vez dominado el tema, empecé a leer cuánto caía en mis manos. Con ocho años intenté leer “Rayuela” de Cortázar, pensando que con ese título se trataba de un libro para niños. No duró mucho en mi mesa de noche, me aburrí soberanamente. No he superado el trauma, aún no logro leerlo (hace cinco años que no lo intento, tampoco).

Mis papás me mandaban a dormir y yo, a escondidas y con la luz que entraba del alumbrado público, leía hasta caer rendida.

Leer se convirtió muy pronto en un placer secreto, al menos esa era mi percepción, aunque en mi casa la lectura siempre fue cosa normal, fomentada y aplaudida. El sacar libros sin permiso de la biblioteca de mis padres, leer el periódico y leer los libros infantiles que me compraban eran actividades normales en las que se me iba mucho de mi tiempo libre. Cuando nos cambiamos de casa y la luz de la calle no me daba en la ventana lo resolví con una linternita. Leía sin permiso… genial. Le agregó emoción, morbo, la sensación indescriptible de estar haciendo algo que no todos los mortales podían hacer.

Creo que el haber adquirido el hábito tan pequeña me hizo una lectora muy rápida. Nunca he calculado cuánto leo en una hora, pero sé que voy a buen ritmo. Ahora leo en promedio 25-30 libros al año. Este año llevo cerca de 30, así que superaré mi marca, parece.

La única razón (aparte de las evidentes de tener otras cosas urgentes qué hacer) para ir despacio es que me aburra el libro. Otra ventaja –menos cuanto tengo insomnio- es que leer no me da sueño. De hecho, si el libro es muy bueno, puedo desvelarme leyendo. Así, mientras el promedio de gente a lo mejor lee media hora por las noches, yo puedo pasarme dos horas.

Por último, yo cargo libros siempre. Hasta para hacer pipí llevo el libro al baño. Siempre leo antes de dormir. Y nunca nunca nunca salgo de casa sin un libro. Bueno, sí, cuando voy de marcha, pero eso es casi nunca. Mis esperas en el metro, en el banco, entre clases… las condimento con libros.

Esta es la explicación racional. La emocional es que soy compulsiva con las páginas… Me gusta NECESITO acabar el libro. No es que quiera, es que tengo la pulsión imparable de saber cómo acaba, para luego pasear por los estantes y decidir qué sigue.

En verdad: es que no puedo parar.

PS: Por cierto, aún conservaba el blog de reseña personal de libros con mi nombre, pero decidí traérmelo también a mi casa nueva en WordPress; pasé todas las entradas antiguas. Se llama WHOA, BOOKS! Le tengo mucho cariño aunque no es un gran éxito de visitas (la Celes es de las pocas visitantes asiduas, ¡cariño, actualiza el feed!), porque ha resultado ser la única manera en que mi cerebro logra retener algunos datos sobre los libros que leo. Aquí queda para quien quiera curiosear. Y otra cosa, las ilustraciones son dos marcadores que compré en Noruega y que son lo mejor!

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Muertas con estilo

Siguiendo con la lista de bellezas muertas… he aquí mi listado de chicas (idea indirectamente dada por Paloma). Que conste que tengo una fijación absoluta con una época concreta (todas nacidas en las primeras tres décadas del siglo pasado), y en este caso todas son actrices. Como la belleza salta a la vista, les cuento un chismecillo de cada una.

5. Marlene Dietrich: gracias a los arreglos musicales de Burt Bacharach, la Dietrich se dedicó un tiempo a cantar y hacer números de cabaret, pero dicen las malas lenguas que no tenía nadita de voz, cosa que sustituía con estilo (hasta para fumar).

4. Greta Garbo: en su época (como el mundillo del showbizzz no ha cambiado mucho) alzó revuelo, entre otras cosas, porque se sospechaba que era bisexual.

3. Vivien Leigh: siempre prefirió el teatro frente al cine, aunque fue su ñoña actuación en “Lo que el viento se llevó” la que la hizo archifamosa.

2. Grace Kelly: tras unos cuantos años de ser Su Alteza Serenísima Princesa Grace de Mónaco, murió en un accidente de tránsito, a los 50 y pocos años.

y la única e irrepetible No. 1. Audrey Hepburn: su papá era nazi, su madre –al menos –fascista. Ella, sin embargo, jamás simpatizó con esa ideología y alguna vez aseguró sentirse identificada con Anne Frank.

Supongo que me fascina el estilo que tienen, ese aire de “yo no fui pero sí que fui yo”, un no sé qué no sé donde… estupendas.

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Sexy, famoso y ¡muerto!

Superflicka hizo este post. Como Gustavo Adolfo Bécquer no me gusta, me retó a hacer mi propia lista de hombres muertos y sexies. Como no soy tan conocedora, es decir, que mi cultura general tiene hoyos negros y me falta mucho sentido del humor para acercarme a su estilo, me quedo con la zona donde estoy más segura: la del showbiz.

He aquí los cinco hombres del showbiz, muertos y sexies.

5. Marlon Brando: aunque pertenece a esa generación de hombres con pinta de ángeles y modos de bestia, es guapo… algo tendría de encanto, a juzgar por sus tres esposas y los once hijos que tuvo.

4. Elvis Presley: dudé en ponerlo, porque sólo se le puede considerar sexy si se toman en cuenta las fotos de su época de oro. Aclaro que dejó de serlo abruptamente cuando echó panza y se embutía igualmente en sus trajecitos tallados. En todo caso, este podría salir de la lista ya que no está muerto… jijiji.

3.Brandon Lee: hasta con el maquillaje asqueroso de El Cuervo se veía bien

2. Kurt Cobain: dueño de algunas fantasías adolescentes, se murió cuando yo tenía 15. Justo en el momento en que se muere un cantante famoso e inmediatamente te vuelves fan. Aunque ya lo era. Dicen las malas lenguas que su hija es fan de Britney Spears. Plop.

Y last but not least:

1. Roberto Succo: estrictamente hablando no es actor, ni cantante, ni artista famoso. Pero fue un asesino en serie bastante sexy, que además se convirtió expresamente en figura pública. Gracias a eso, se han hecho un par de películas sobre él y una de las obras teatrales de Bernard Marie Koltes está basada en su vida (Koltes también tenía lo suyo). Quienes lo conocieron declaraban que era tan hermoso que te dejabas asesinar sin protestas.

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