Celes pregunta: ¿Cómo saco tiempo para leer tantos libros?
Bueno…

Para empezar, cuento como anécdota que aprendí a leer y escribir a finales del primer año de enseñanza primaria. Se supone que para entonces debería manejarlo con soltura, pero tardé más. Una vez dominado el tema, empecé a leer cuánto caía en mis manos. Con ocho años intenté leer “Rayuela” de Cortázar, pensando que con ese título se trataba de un libro para niños. No duró mucho en mi mesa de noche, me aburrí soberanamente. No he superado el trauma, aún no logro leerlo (hace cinco años que no lo intento, tampoco).
Mis papás me mandaban a dormir y yo, a escondidas y con la luz que entraba del alumbrado público, leía hasta caer rendida.
Leer se convirtió muy pronto en un placer secreto, al menos esa era mi percepción, aunque en mi casa la lectura siempre fue cosa normal, fomentada y aplaudida. El sacar libros sin permiso de la biblioteca de mis padres, leer el periódico y leer los libros infantiles que me compraban eran actividades normales en las que se me iba mucho de mi tiempo libre. Cuando nos cambiamos de casa y la luz de la calle no me daba en la ventana lo resolví con una linternita. Leía sin permiso… genial. Le agregó emoción, morbo, la sensación indescriptible de estar haciendo algo que no todos los mortales podían hacer.
Creo que el haber adquirido el hábito tan pequeña me hizo una lectora muy rápida. Nunca he calculado cuánto leo en una hora, pero sé que voy a buen ritmo. Ahora leo en promedio 25-30 libros al año. Este año llevo cerca de 30, así que superaré mi marca, parece. 
La única razón (aparte de las evidentes de tener otras cosas urgentes qué hacer) para ir despacio es que me aburra el libro. Otra ventaja –menos cuanto tengo insomnio- es que leer no me da sueño. De hecho, si el libro es muy bueno, puedo desvelarme leyendo. Así, mientras el promedio de gente a lo mejor lee media hora por las noches, yo puedo pasarme dos horas.
Por último, yo cargo libros siempre. Hasta para hacer pipí llevo el libro al baño. Siempre leo antes de dormir. Y nunca nunca nunca salgo de casa sin un libro. Bueno, sí, cuando voy de marcha, pero eso es casi nunca. Mis esperas en el metro, en el banco, entre clases… las condimento con libros.
Esta es la explicación racional. La emocional es que soy compulsiva con las páginas… Me gusta NECESITO acabar el libro. No es que quiera, es que tengo la pulsión imparable de saber cómo acaba, para luego pasear por los estantes y decidir qué sigue.
En verdad: es que no puedo parar.
PS: Por cierto, aún conservaba el blog de reseña personal de libros con mi nombre, pero decidí traérmelo también a mi casa nueva en WordPress; pasé todas las entradas antiguas. Se llama WHOA, BOOKS! Le tengo mucho cariño aunque no es un gran éxito de visitas (la Celes es de las pocas visitantes asiduas, ¡cariño, actualiza el feed!), porque ha resultado ser la única manera en que mi cerebro logra retener algunos datos sobre los libros que leo. Aquí queda para quien quiera curiosear. Y otra cosa, las ilustraciones son dos marcadores que compré en Noruega y que son lo mejor!