¡Buenas salenas, cronopios cronopios!
Espero que el 2009 los trate con amor en estos primeros 7 días.
Tras mi laaarga ausencia, reporto mis últimos días.
El 31 tuve el placer de conocer a la Celes. Bueno, de conocerla en persona porque en dos minutos me sentí en plena confianza. Ella, junto con Fanma son a quienes leo/me leen hace más tiempo. Bueno, ganan Murasaki y Ale, pero ellas juegan con ventaja porque las conozco desde -más o menos- hace diez años.
Me encanta que todas y cada una de las veces que he conocido gente que leo por el blog, acabo sintiendo que tengo años de conocerles, cero estrés ni momentos raros. Creo que tengo buen ojo para decidir a quien conozco en carne y hueso, o he tenido mucha suerte.
En todo caso, hablamos y hablamos y hablamos, como era de esperar. De hecho que hablé más yo, pobre… jaja, me pilló en día urraca parlanchina. Además de guapa, la Celes es un encanto… como dije alguna vez: Pon una Celestina en tu vida (lo siento, jamás podré llamarte Paloma). El encuentro se repetirá, de eso estoy segura.
Del 31 ni hablo, jaja, cena aburridilla aunque mejor que hace dos años. Este año busco otro plan, que sí, que la familia es bonita pero a ratos…
El 2 salimos huyendo de las visitas a Los Pirineos. Genial, frío pero dentro de casa no se siente. Trabajé como una obsesa, terminé mi fantástico trabajo sobre La Casa de Bernarda Alba, bueno, o casi… me acabé el libro de Larsson y otro que se llama El país del miedo, de Isaac Rosa. Larsson súper entretenido, de leer sin parar. Rosa interesante, dice cosas evidentes pero que siempre es bueno que alguien las repita. De hecho me gustó su estilo, cuenta una historia sencilla pero la adereza de opinión. Está bien.
Ayer, tras cuatro días de sol espléndido, nos levantamos, metimos todas las cosas en el coche y… cha cháaaaan, se vino la nevada de tu vida. Intentamos seguir con el coche hasta que en la primer pendiente el patinaje sobre llantas era evidente y preocupante. Yo me puse histérica perdida, pero de verdad, pensaba que acabaríamos en un barranco. Me tomé 3 valerianas que poco hicieron, lloré, temblé, peleé… sí, el Hubby es un santo, me aguantó mientras yo repetía “devolvámonos, devolvámonos, llama a tu tía, llama a emergencias, devolvámonos” y él intentaba maniobrar sin cadenas para las llantas.

EN MI DEFENSA: tengamos presente que yo soy de un país tropical y sé conducir en inundaciones, lodo, arena y tierra suelta… ¡¡¡¡pero la combinación coche-nieve me pone nerviosa, aunque no sea yo quien conduzca!!!!
Volvimos a casa de la tía de El Hubby, aunque el trecho final fue un martirio: 40 minutos en avanzar 200 metros (de nuevo, en pendiente), de la cantidad de nieve que había. Al final entre una escoba, un recogedor (y servidora paleando nieve fuera de la calle para que El Hubby pudiera subir el coche) dos fundas de llantas hechas pedazos y dos vecinos con mucha pericia y muy buena voluntad, conseguimos meter el coche en el garaje de nuevo. Hoy logramos salir de la montaña, menos mal… tenía mono de mi piso, Internet y mi cama.
Y así empiezo el año, cansada pero activa y sonriente.
Este año va a ser cojonudo, que lo sepáis.