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Black Betty en… Princesita VRS Estatua

Cuando viví en la Coruña, entre otros seres curiosos, conocí a Estatua Viviente. Era una chica de esas que se cree muy alternativa y fuera del sistema por ser artista. Vivía de hacer de estatua viviente en la calle y alguna vez quiso convencerme de ir con ella. Yo, la verdad, pensé que si no tenía ninguna necesidad, para qué iba a estar de pie horas por una miseria.

¿Cómoda? Seguro que sí, pero sincera.

Estatua Viviente empezó a criticarme por activa y por pasiva. Una vez rechacé un trabajo que era pasear un viejito (no tenía necesidad y me molesta mucho que por ser extranjera me ofrezcan, por default, ESOS trabajos…) y ella acabó haciendo mofa. En fin, que mi tranquilidad de aquel tiempo y mi situación le daban un poco por saco.

Nunca tuvimos ninguna confrontación directa, pero empezó a llamarme ‘princesita’. Alguna vez me dijo que esperaba que siempre me fuera bien en la vida porque si no iba a padecerlo en exceso, puesto que entre mis padres y mi buena suerte me habían malacostumbrado. Entre ‘princesita’ y ‘princesita’ empecé a hartarme.

Quiso la buena fortuna que Estatua Viviente se fuera de la ciudad. Luego regresó a su país de origen, digámosle País Estatuense.

Unos meses después descubrí que tenía un blog y empecé a visitarla.  Justo coincidió con un post en mi blog anterior (qdDg) en el que sí, es verdad, hablaba de tonterías.  Pero es que yo escribo de tonterías cuando quiero, que puede ser seguido, y al que no le guste puede cerrar la ventana (perdón, me enciendo, jaja). En fin… Alguien dejó un comentario anónimo, ofensivo y agresivo en mi post. Me llamó superflua, banal, niña mimada… en resumen me mandó a “escribir en un diario privado y esconderlo debajo de la cama” porque no aportaba nada al mundo.

Me fui a ver de dónde provenía el “hit” a mi blog. Y héte tú el cúmulo de coincidencias… el/la comentarista escribía desde “País Estatuense”, sitio del cual yo no tenía ningún amigo Blogger y, de repente, la actitud me sonó conocida.

Hace unos días, Estatua Viviente me contactó por facebook… una solicitud de amistad que aún no he contestado, porque no me apetece decir que ‘no’, aunque menos quiero aceptarla.

La gente puede ser tan rara.

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Cuidadito conmigo, nena.

Y entonces resulta que hay una tipa, escenógrafa, que no me soporta. Cada cosa que digo es digna de discutirse. Pone palabras en mi boca que yo no he dicho, se ríe de quien puede cuando le parece que ha dicho una tontería, habla tan agresivamente que siempre provoca reacciones violentas, murmura, criticándome a media voz, cuando le rebato algún argumento, me mira con ojos de desprecio, suelta interjecciones con que yo respire. Sólo le falta esperarme en el pasillo para hacerme una zancadilla frente al capitán del equipo de basketball.

Yo, por mi parte, tampoco soy un ejemplo digno a seguir. Es más, no la culpo, porque cuando alguien me toca el hígado me pongo repelente. Y cuando lo soy… lo soy mucho, hasta el final, hasta las últimas consecuencias. Le discuto todo, sobre todo porque soy una pedante amante de la retórica, porque creo que es simple y superficial en sus razonamientos y porque no me gusta su prepotencia. Por supuesto que no ayuda que me pone a funcionar la mente reactiva, porque sí, Black Betty confiesa que una de las pocas cosas que la vuelve una fiera maldomada, salvaje y carnívora es la gente que va de interesante. Encima, y aquí me siento aún más adolescente, ese look de punky-progre-radical-extrema-me-rapo-y-no-me-ducho-porque-soy-muy-cool me pone de malas. A ver, cada quien que se ponga lo que le dé la gana, de acuerdo, pero la gente que ves que “va de” en vez de “ser” no me gusta. Lo siento. Y los escenógrafos son buenísimos para “ir de”. Lo siento.

Por ahora, que se cuide la escenógrafa, que si la veo sola en el vestuario, le tiro los cuadernos en el wáter y le robo el dinero del almuerzo.

Sigh. Me pregunto cuándo me daré cuenta de que tengo casi 30. Y eso es casi el doble  de edad de cuando me lucían estas estupideces.

Ilustración: PoisonAri

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Nadie me tiene…

…abriendo la bocota. Que si no estaba triste y bla bla bla. Que si era raro y bla bla bla…

Por llamar al mal tiempo ando con una nube llena de rayos y truenos encima. Si de normal tengo la lágrima fácil, ni qué hablar de hoy. Puagh. Pereza me doy.

De mal humor, achicharrada y esperando que se me quite esta sensación de desasosiego. Tengo rabia. Ni siquiera tengo claro por qué, pero es de esos días en que le daría unas buenas patadas a un estañón de basura en la calle. Necesito tener mi tobillo bueno, es el momento justo para empezar a correr… pero de noche, que de día hace demasiado calor.

Agh.

Terminé 2666 de Roberto Bolaño… finally! Está bien, en general, pero mi cerebro necesita algo divertido, entretenido, que invite a desvelarse leyendo… harta estoy de la intelectualidad profunda y de los libros de 1000+ páginas. Hasta el pobre Beigbeder (leyendo 13,99), que de normal me gusta, me tiene irritada. Ay, lo sé, estoy inaguantable. Pobre Hubby (lo siento Hubby, estoy inaguantable).

Agh. Y ahora resulta que son las 2 am y no tengo sueño.

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But I wanna go home…

Quiero irme a mi casa.

Sí, debería disfrutar… pero no lo estoy haciendo. Echo de menos a El Hubby, es que duermo mal sin mi señor marido. No me gusta andar por la calle, la gente aquí conduce un poco violento… odio ir en autobús, me siento al borde de la muerte entre infracciones y buses en pésimas condiciones. No es por ir en transporte público, porque allá siempre voy en metro o en bus… es el concepto de transporte público aquí. Me harta la pausa dramática cuando explico que he decidido no conducir aquí, mucho menos sola y muchísimo menos de noche.

Estoy cansada de los compromisos… y eso que he tenido poquísimos. Trato de pensar que son vacaciones, y ya está, pero –por ejemplo –la otra semana tengo que ir a la playa y a visitar a La Hermana Grande. Y no me apetece hacer ninguna de las dos cosas. Quisiera dormir, ver tele, dormir… y amanecer en MI casa. No salir sin ganas, no ir a cenar sin ganas, no tener que ser amable sin ganas.

Llevo un día terrible, aunque no haya pasado nada grave. Esta mañana bastó que no saliera agua caliente de la ducha para echarme a llorar. Las dos duchas de mi casa se echaron a perder… sé que soy una nenita insoportable, la drama queen 2008, pero el chorro de agua fría no me hizo sentir nada bien. Lloré y lloré y el resto del día he aguantado el impulso de seguir llorando.

Quiero irme a mi casa. Y apenas llevo una semana aquí. Quiero irme. Los quiero, los amo, me alegro de verlos, pero quiero irme.

Es terrible, además, la culpa de que no me guste ni un poquito mi propio país, más el peso de no poder decirlo, porque parece que estuviera insultando las entrañas mismas de las madres de cada persona que me oye. Ayer lo intenté con dos amigas, con mi amiga La Loquita y con La Madrina. Y no tuve el valor de decirles que no quiero volver, que quiero quedarme allá, que esto no es para mí.

Es choque cultural, me dice El Hubby, y yo ya lo sé, pero eso no quita que no tenga ganas de acostumbrame de nuevo a cosas que me irritan. Quiero irme… más de lo que puedo explicar.

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