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Juas y plop

Fui a almorzar con BlackBetty Mamá y BlackBetty Papá el domingo antes de regresar a Barcelona. El sábado había hecho fiesta en la casa, así que BB Mamá me preguntó por una muchacha “rara” que ella no recordaba haber visto antes. Al instante supe que estaba hablando de Ciclista, la novia de Teatrera Glamourosa. Pensé un segundo en qué decirle y decidí que la verdad era lo más divertido. Más o menos así fue el diálogo:

YO: ¡Ah, Ciclista! Es la novia de Teatrera Glamourosa

Silencio de tres o cuatro segundos.

YO: Ahora mismo estás tratando de entender qué te dije, porque creés que no entendiste bien.
BBMamá: No, no entendí. ¿Qué dijiste?
YO: La novia de Teatrera Glamourosa (todo super bien pronunciado para que no quedaran dudas)

Silencio de tres o cuatro segundos.

YO: Ahora, que ya entendiste, estás tratando de procesar si realmente dije lo que creés que dije.
BBMamá: Sí… la novia de ¿quién, dijiste?
YO: De Teatrera Glamourosa, de mi amiga Teatrera Glamourosa, ma, la de teatro.

Silencio de tres o cuatro segundos.

BBMamá: No sé si soy muy cerrada, pero esas cosas no me caben en la cabeza.
YO: Ma, pero… ¿qué importa? Mientras la gente sea decente y no le haga daño a nadie…
BBMamá: Ay no sé, ¿no te parece raro?
YO: No…

Silencio de tres o cuatro segundos.

BBMamá: Esa Teatrera Glamourosa te había hecho algo, ¿verdad? ¿Algo feo?

Risa contenida de BB Papá, calladito hasta ahora.

YO: Ja ja ja. No, BB Mamá, Teatrera Glamourosa siempre ha sido súper amorosa conmigo… ¡ahora como es lesbiana inventás que es mala!
BBMamá: No, yo me acuerdo… algo de un trabajo.
YO: No, ma. En serio. No.
BBMamá: Ah…

Silencio de tres o cuatro segundos.

BBMamá: Mjm… ¡no se le nota!
YO: ¡Ma! No todas las lesbianas tienen pinta de camionero. Y de hecho Ciclista te pareció rara justamente porque te cabe en el estereotipo de lesbiana. ¿O no?
BBMamá: No, es que es rara.
YO: Rara ¿cómo, ma?
BBMamá: Ay no sé, así como rarita…
YO: Ajá… “rarita”.

Silencio de tres o cuatro segundos.

BBMamá: ¿Pero a esa chiquita no le gustaban los hombres?

YO: Sí, cambió de parecer. Además, en realidad, ella dice que se enamora de una persona, no del género de la persona. A mí me parece súper bonito que alguien piense así… que se enamora de una persona, sea cual sea su sexo. (Y yo, como si hiciera falta, agrego para rematar:) Mis mejores amigos en Barcelona, Geniecillo Fashion y Biotecnóloga son gays… espero que si algún día vienen a la casa no te parezcan “raros”, porque los amo y le agradezco a la vida que estén ahí.

Silencio de tres o cuatro segundos.

El resto de la comida siguió un poco con el tema. BB Mamá emperrada en que eso es demasiado para manejar; BB Papá defendiendo que la nuestra es otra generación y que tenemos derecho de ver la sexualidad de otra manera. BB Mamá atacándolo porque desde cuándo él es tan abierto. BB Papá explicando que no le gusta ver parejas gays, pero que lo respeta. Yo defendiendo que una cosa es la visión racional y otra la experiencia emocional, pero que se empieza por el respeto. BB Papá recordándole a BB Mamá la lista de amigos gays que tienen. Black Betty argumentado que BB Mamá está siendo poco razonable porque acepta a los hombres gays pero no a las mujeres que lo son… ni a los bisexuales. Cuando nos traen la comida decido cambiar de tema.

Oh mi madre. La pobre, yo creo, todavía está dándole vueltas al tema.

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Taichi y el demoño

Mi abuelita es evangélica.

Mi abuelita hace tai-chi, al igual que mi tía. A mi tía le hace un bien enorme, porque tiene epilepsia y un leve retardo, muy leve. La profesora de taichi, como es super concentrada en lo que hace, la puso hace unos meses como su asistente.

Con el taichi, mi tía se siente útil y mi abuelita se ejercita… es de las pocas cosas que puede hacer por sus variados males físicos y su avanzada edad.

Hace unas semanas, una “amiga” de la iglesia evangélica le dijo a mi abuelita que esas cosas relacionadas con la energía son del “demoño“.

Mi abuelita dejó de ir a taichi. Y le prohibió a mi tía ir.

De no tener ataques en meses, mi tía pasó a tener dos por semana.

Todo porque el taichi es malo y huele a azufre.

Y yo no sé qué me cabrea más, la “amiga” de mi abuelita o mi abuelita…

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Mi Mamá y sus impulsos

Viernes por la mañana.

Le escribo a La Mamá y le digo que hay ofertas geniales de Iberia hasta hoy domingo. Que se pille unos días de vacaciones y venga a visitarme. Esta mañana me llama, creemos primero que dirá que viene, pero le da un arranque que ella llama de “solidaridad” y me dice que es mejor idea que vaya yo.

Y que compre el billete ya.

Lo compro.

A lo impulsivo.

El 26 de junio acabo el último curso del año. El 28 me piro, vampiro. Que sí, un mes a mis tierras. Y este año mi propósito será pasármelo bien, nada como el año pasado que pasé rayada la mitad del tiempo que estuve. Pienso pasear mucho, ver gente, sonreír.

Desde ya pienso que voy a echar de menos a El Hubby, como me pasa cada vez que me voy. sin él. Pero adelantarme no quitará la sensación, así que mejor pienso en lo bonito de ir y estar.

Lo mejor es que, si todo sale bien (ya contaré por qué) es posible que vuelva en noviembre. Dos veces en el mismo año, todo un lujazo.

So happy.

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Skype, arrugas y de hoy en cinco meses…

Mi madre tiene varias semanas de preguntarme cómo estoy. Esto de que te vean por la cámara del Skype tiene sus desventajas. No se le escapa una. A veces es mal dormir, a veces es anímico, pero su ya bastante desarrollada intuición ha encontrado a la aliada perfecta en la tecnología.

La próxima semana me quito las gafas en cuanto se acerque la hora de hablar con ella, me pondré las lentillas y como mínimo echo mano del rímel y delineador.

En todo caso, es verdad que desde hace poco más de un mes, me encuentro arruguitas nuevas, los ojos cansados y menos brillantes y ojeras. De esas épocas en que prefieres que no te hagan muchas fotos si no es haciendo payasadas… pues así.

¿Será la crisis de los 30 años cinco meses antes de tiempo?

Uf.

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¿Viajar sola?

Siguiendo con las andanzas de la Hermana Grande, una cosa que nos ha sorprendido (a mi madre y a mí) es que decidiera irse de viaje sola. La razón… su forma de ser. La Hermana Grande es la persona más sociable que conozco. Vive sola en un país distinto que el de mis padres, pero su vida está organizada como persona acompañada.

Me explico: en cuanto llega a casa, hace una de las siguientes tres actividades: ir a un bar cercano con su compañera de trabajo o a conversar con los chicos que trabajan ahí (ya los requete conoce), chatear por Internet con sus amigos de mi país y su mejor amigo, o ver televisión. Cuando lee, suele tener el tv encendido o música puesta. Es decir, el silencio no es un elemento que exista mucho en su vida.

Entre las quejas de la Hermana Grande de esta semana en las españas están básicamente haber tenido que ir a caminar sola por ahí, no tener con quien irse de fiesta en Madrid y que su mejor amigo no fuera con ella.

Me hace gracia… porque entiendo que su personalidad le impide disfrutar de la soledad.

Yo creo que yo puedo viajar sola, pero mis requerimientos son más de comodidades. Me explico… si tengo que andar en hostales feos y mochila al hombro me niego a estar sola, eso es algo que haces con amigos. Si tengo comodidades y el país en que estoy es seguro, creo que me hago cargo de mí misma sin problema.

E você ¿viajes en soledad, o no, gracias?

Ilustración: Rachel Caiano

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De bbs y bbettys

Hermana Grande estuvo esta semana en mi casa, vuelve al final del mes después de pasear por las españas y las italias. El martes fui a caminar por ahí con ella y a esperar que su mejor amigo viniera a buscarla. Nos sentamos en una cafetería a hacer tiempo, he aquí un extracto de la conversación, que versó sobre Ana, hija de unos amigos de mis papás.

HG: Vieras que ma estaba furiosa con Ana, resulta que le dijo al papá que no quiere tener hijos.

BB: Pero el papá de Ana ya tiene tres nietos, y que una de sus cinco hijos no quiera tener hijos no me parece nada terrible.

HG: Ay sí, no sé por qué no la dejan en paz.

BB: De hecho, aunque fuera la única hija, es problema de ella.

HG: Exacto… digo, nadie debería meterse con las opciones de vida de los demás.

BB: O sea que si yo no quiero tener hijos mami me mata.

HG: ¿Por qué? ¿Usted no quiere tener hijos?

BB: Ehhh, sí… aunque cada vez menos, la verdad. Preferiría tener uno nada más, pero como El Hubby es hijo único, no le hace gracia que sea único. Así que serán dos, supongo. Pero es que es super caro y cansado, y no sé…

HG: Me estás jodiendo ¿verdad?

BB: No.

HG: ¿Qué QUÉ? ¡¿Desde cuándo no quiere tener hijos, Black Betty?! ¿¿¿¿Se volvió loca?!???Es que yo la mato. No puedo creerlo, mami se va a morir… nada qué ver esa idea de no tener hijos, en serio. Ni lo piense, y además, para tener uno mejor no tenga ninguno. Luego se vuelve un insoportable.

BB: El Hubby es hijo único, y no es insoportable.

HG: Bueno, será la excepción… en serio, hermana, usted tiene que tener hijos.

Moraleja:

la defensa de la libertad individual está en directa proporción con el grado filial de la persona afectada.

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Impresiones infantiles

La Burguesita de Rottemburgo me hizo una pregunta hace rato, y yo no me había dignado a responder. Preguntaba por las tres impresiones infantiles, tres hechos que me hubieran sacudido de pequeña.

1. Esta es graciosa-tierna: constatar que mi diferencia de color de piel era determinante para algunas cosas. Resulta que un compañerito de 1er grado de primaria me decía, para fastidiarme, que me había caído en un barril de chocolate. Yo sufría y lloraba, no sabía muy bien por qué. Sé que me impresionó que él tuviera algo que decir sobre mi físico. Mi madre me solucionó el conflicto con una frase genial “decile que si vos te caíste en un barril de chocolate, él se cayó en uno de nata agria (natilla/sour cream), y el chocolate es más rico”. Funcionó. Jijiji.

2. Ver a un chico y una chica de mi edad besarse en la boca. Resulta que cuando estaba en último año de la primaria, se puso de moda ir a esconderse y morrearse y, paralelamente, un grupo de incipientes voyeurs iban a presenciarlo. Un día vi un beso de pasada, mientras caminaba hasta el trabajo de mi madre. Me impresionó, claro, porque mientras mis compañeros tenían 12 años, yo tenía 10 y todavía me daban asco los besos en la boca, la saliva, y gritaba “noooooo” cuando me acusaban de estar enamorada de algún chiquillo.

3. Relacionado con el anterior: también en último año de primaria, mi “mejor amigo” David me pasó un papelito en clase. Decía que tenía que contarme que le gustaba alguien de la clase, en resumen que era yo y que si quería ser su novia. De nuevo, yo tendría 10 u 11 años. Le respondí con un “llámeme más tarde a mi casa, es que le tengo que preguntar a mi mamá”. Al llegar a mi casa llamé a mi madre a la Universidad, donde trabajaba. La hice dejar al grupo de estudiantes colgando, porque le dije a la secretaria que era MUY urgente. Mi madre me aconsejó ( no sé cómo no se rió de mi “emergencia”) y cuando me llamó el chiquillo en cuestión le explique que “dice mi mamá que no puedo tener novio porque soy muy chiquitita”. La impresión vino al día siguiente, cuando David ya tenía otra novia y se formó un grupo para ir a verlos morrearse después de clases.

Jajaja… las releo y me doy cuenta de lo inocente que era, probablemente a ningún chiquillo de esa edad le provocaría nada un insulto dulce, un beso, un novio frustrado.

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Rivalry

El mejor amigo de mi hermana (MAMH) está en mi piso. Ha venido a hacer un máster y durante sus primeros días en Barcelona, se queda en casa. Es un tipo muy simpático, conversador, considerado. No tengo ninguna queja sobre él. Talvez un pero y ni es su culpa.

Me explico: algunas veces, puede que por mi excesiva susceptibilidad, siento que su manera de verme es la de mi hermana. Opina sobre mí, sin criticarme, pero con una base que parece calcada de ella. Bueno, ahora que releo la frase me doy cuenta de que tiene sentido: él me conoce primordialmente por las cosas que mi hermana dice y piensa de mí.

Como han sido amigos desde hace 11 años, se habrá enterado de las decenas de desavenencias que hemos tenido. De hecho, hasta el 2004, mi hermana y yo no podíamos vernos, no había forma de dirigirnos una frase en paz… no teníamos relación más allá de la obligada por vivir bajo un mismo techo. Aún hoy, siento que mantenemos (más ella, que yo, todo hay que decirlo) una rivalidad muy compleja.

Por poner un ejemplo, si mi madre me da algún “beneficio”, he de ir con cuidado de que mi hermana no se entere. Cuando mi mamá me dio una copia de su tarjeta de crédito, tuve que guardar el secreto meses y meses. Mi hermana no entiende que no se trata de preferencias, sino de lógica: yo vivía sola en otro país y ella no, yo era estudiante y ella no, yo controlaba los gastos mucho más que ella.

Sé que es normal que la visión de MAMH se parezca a la de ella, pero hay un puntito de –no sé cómo llamarlo exactamente –dolor al saber que no me conoce, pero tiene una opinión absolutamente formada de mí, para lo bueno y para lo malo. Cree que soy una intelectual y eso lo dice, pero seguramente también piensa que mis padres me han favorecido siempre.

Con mi hermana ese tema es difícil. Nos llevamos bien, pero sé que hay temas que es mejor no tocar.

Ella piensa que la primera vez que vine a Europa lo hice con el dinero de mis papás… la verdad es que ellos pusieron 200 euros que me hacían falta para pagar el taller de commedia dell’arte al que fui a Venecia. Lo demás salió de mis ahorros.

Ella asegura que mi madre me regaló un coche y a ella no le dio nada… se le olvida que las circunstancias fueron otras: yo tenía tres trabajos y la universidad. Hacía mínimo cuatro viajes diarios de un sitio a otro y salía de dar función a la medianoche… imposible hacer todo esto en bus. Sí usaba más el coche que era de las dos (ella trabajaba en un solo lugar), pero mi mamá me lo regaló cuando ella anunció que se estaba comprando uno nuevo.

Ella reclama que mis padres me mandaron a España a sacar el máster, mientras que a ella no le pagaron ni el mismo grado académico en Costa Rica. Es verdad, pero fue un plan de emergencia cuando yo estaba hundida en una depresión horrible, de la que no salía ni tomando un exceso considerable de medicinas naturales para remediarlo. No era el grado académico lo importante, si no sacarme de un lugar donde me iba a morir de la tristeza y la angustia y en el que me costaba levantarme, ducharme, salir a la calle. En todo caso, y esto tampoco lo dice, tengo una deuda de muchos miles de euros con mis padres por esos dos primeros años por estos lares.

El MAMH no ha dicho nada concreto, nada que meta el dedo en la llaga… pero lo oigo hablar de mi hermana y todas estas cosas me vienen a la mente… y duele.

Ilustración de BrittaJ

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S.O.S. (soy difícil, lo sé)

Domingo con diez miembros de la familia extendida en casa.
Domingo de conclusiones contundentes.

1. por algún extraño motivo, somos una familia de confrontación… sólo La Única Abuelita no discute nada, no critica. Los demás buscan (¿buscamos?) cualquier excusa para enfrentar opiniones. Desde el café hasta los ladridos de las perras son buen tema. Pólvora pura. Es desgastante.


2. Mi Papá es bastante amigo de zanjar discusiones con falacias. Hoy la escogida fue la de falsa autoridad. Mi suegro es español. Yo no. Mi suegro opina X sobre la gente de la península española. Yo opino Y. Por lo tanto, la gente de la península es X, porque lo dice mi suegro. Tiene razón porque es mayor que yo, porque es español, porque sí. Mi Papá, en vez de buscar argumentos para rebatirme, se escuda en la opinión de alguien más, autorizado para hablar del tema.


3. cualquier ser humano tiene cualidades positivas, pero eso no lo hace buena persona. Hay gente mala, malintencionada, mala vibra… como mi Tía la más Amargada.


4. los años pasan factura. La Única Abuelita cada vez está más calladita y pequeña. Casi ni come, casi ni habla, casi ni hace nada. Mi Papá está cada vez más berrinchoso, todo le molesta, todo es susceptible de ser discutido. Suelta frases que me niego a tomarle en cuenta, pero que me joden un poquito… “me tenés harto con eso”, “que majadería”, “¿por qué no deja de hablar paja?” y “dejame en paz”. Mi Mamá, para evitar discusiones me manda a callar a mí, aunque lleve razón. Frustración dolorosa.


5. tengo autoridad con los peques. Será porque los trato bien, así que hago puntos para pararles los pies si es necesario. Me da esperanza de tener hijos bien portados algún día.


6. cada ladrón juzga por su condición. Mi Tía La Menor jode hasta más no poder a mi prima La Bebé. La acusa de emborracharse, fumar, andar con cuanto tipo puede, mentir, exhibirse: todo lo que Mi Tía La Menor hizo hasta los 18 años, cuando quedó embarazada accidentalmente.


7. un metrosexual, según un miembro de mi familia, es un tipo que hace “todas esas cosas de viejas vagabundas de ponerse cremas y cuidarse el pelo” y/o “que hace cosas de maricones, pero no lo es”. Discuto dos minutos y abandono. No voy a cambiarlos. No puedo cambiarlos. No quieren ser cambiados.


8. el ánimo bajo de estoy-harta-me-quiero-ir-a-mi-casa es intermitente y directamente proporcional a las reuniones familiares. Ergo, espero que la fiesta de mi primita La Pedante sea el único encuentro que me quede por aguantar, porque me noto en ese punto de hervor donde las chispas luchan por saltarle a la cara a más de uno.


9. parezco un disco rayado, pero es verdad: este ya no es mi nicho.


10. tiene razón mi Tía Favorita: el whisky etiqueta negra es infinitamente mejor que el etiqueta roja.

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Por los viejos tiempos

Hasta los nueve años compartía habitación con la Hermana Grande. A diferencia de lo que podría creerse, el hecho de tener un espacio común era genial. Mi madre nos mandaba a dormir temprano, pero no se enteraba del carnaval que montábamos después de que supuestamente se apagara la luz.

Con cuatro o cinco años, inventé un programa-espectáculo con cortina de entrada y demás (la cantaba y bailaba subida en mi cama). Se llamaba “Chistes de mal gusto”. Básicamente eran sketches, protagonizados por mí, de todos los temas posibles… incluyendo imitaciones de presidentes y cantantes. La Hermana Grande era el mejor público, nunca tuve que esforzarme demasiado para hacerla reír.

La ruptura vino en la edad crítica. Ella entró al instituto, además a uno privado, y se transformó. Su adolescencia me dejó rendida en pocos meses. Tanto que, una mañana, dije desesperada “prefiero dormir en el cuarto pequeñito con tal de no dormir con ella”. Efectivamente, fui a dar al cuarto pequeño pequeño pequeño, pero recobré la paz. O más o menos, porque a partir de entonces y hasta hace unos cuatro años, la guerra abierta y cruda fue la constante.

Mis papás, ahora que viven en una casa grande y sin hijas, han remodelado su habitación. Sacaron su armario y ahora la ropa está distribuida en los armarios de los cuartos de mi hermana y mío. Mi habitación, de hecho, al ser el cuarto pequeño pequeño pequeño, se convirtió en una especie de almacén.

Ayer dormimos juntas otra vez. Las dos camas, una al costado de la otra, en la habitación de mi hermana.

Ambas estamos de visita en esta casa que ya no es nuestra, y como tal, nos acomodamos a las condiciones que hay.

Hablamos un gran rato antes de dormir. No me subí en la cama, ni le conté chistes, pero hubo un momento, un instante pasajero en que el mal de risa de las dos fue rotundo… sí, como en los viejos tiempos.


Foto: George Marks

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