Hace unos días fui parte de una discusión, agria y visceral, en clase. Todos a una, muy Fuenteovejuna, nos rebelamos contra uno de los actores del curso de dirección de actores. Es un tipo raro, con talento… sí, pero que cree que es la pomada canaria y es como un niño chico y malcriado. Llamémoslo Sir…
Algunas de las proezas de Sir han sido dormirse mientras se dan indicaciones, llamar irrespetuosa y poco humilde a una de las personas MÁS respetuosas y humildes que conozco, cantar mientras la directora hablaba, decir que un ejercicio que mandó el profesor era estúpido y así sucesivamente. Es prepotente, pasota, sobrado… en fin, una joya del arte teatral.
La discusión llegó a un punto donde él, con toda la mala leche de la que fue capaz me dijo: “Pero tú ¿quién te crees, William Shakespeare?”, yo le respondí, con toda la mala leche de la que fui capaz “¿Y tú quién te crees, Anthony Hopkins?”. La cosa quedó ahí, más o menos.
Hoy empezó a dirigirlo Matemático. Yo soy su ayudante de dirección. Así que la dinámica de hoy fue más o menos: Black Betty Shakeaspearita hablando, Sir Anthony Hopkins mirando a otro sitio. No fue capaz de darme la mirada ni una vez.
Y yo me sigo preguntando el por qué. Yo lo que digo a la cara lo mantengo a posteriori. Si no miro a alguien, en mi caso, suele ser porque me avergüenzo de lo que pasó… No acabo de entender su no-gesto, aunque me temo que es una especie de “castigo”: no soy digna de que me mire.
Lo mejor de todo es que me hizo gracia. A pesar de que defiendo que ignorar a alguien tan expresamente es igual de agresivo que llamarle imbécil. Pero me hizo gracia. Incluso un par de veces, adrede, le hablé directamente, empezando la frase con Sir, para que le quedara claro que la cosa iba con él. Una vez consiguió hacer ver que no me había escuchado. La segunda miró un objeto colocado –para su dicha- en medio de los dos.
Y yo que no sabía que Sir Hopkins fuera tan niño… a su edad…
Tenemos que aguantarnos un mes más, a tres horas dos veces por semana… hagan sus apuestas sobre lo que puede pasar.










