Posts tagged Cosas a olvidar

Sobre la no genialidad

… y también hay días en que ni trabajando se digna a venir el geniecillo aquel…

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Huevo pasado por agua

El Hubby decidió hacerse un huevo pasado por agua hace unos minutos.

Yo ya le había explicado mi aversión a los famosos huevos medio crudos.

La infancia me dejó una buena herencia de cosas que no soporto:

1. que me toquen los pies/mis pies en general… La Hermana se encargó de convencerme de que eran feos.

2. Las cosquillas… La Hermana me hizo tantas que acabé por odiarlo. En resumen, no soporto el tacto ese sutil de cosquilla, en ninguna parte del cuerpo.

3. Que me toquen el cabello… era la única con rizos así de vistosos y más de uno quería sentir su textura. Me harté y decidí que no me gustaba.

4. Que me digan mi nombre con “ita” al final… en algún momento alguien lo usó como despectivo y nunca más lo acepté.

Pero ante todo: ¡no puedo con el huevo pasado por agua!

Salí corriendo del sofá donde El Hubby vino a comer. Él mirándome con cara de sorpresa, yo corriendo a refugiarme a otra habitación mientras gritaba “lo siento, pero es que no puedo, lo sientoooo”.

Mi abuelita nos hacía huevos de estos y casi nos obligaba a comérnoslos. Yo intentaba reprimir los espamos estomacales, seguramente hacía muecas de dolor y tortura profunda, pero intentaba cumplir con el cometido.

No creo que lo haya logrado ni una vez. Puagh.

Tengo el estómago retorcido sólo de verlo. Puagh.

No los soporto.

Imagen: Muitosto

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:-S

Hace dos o tres años, estando en mi terruño unas vacaciones, me pasó una cosa super rara. Iba caminando por una calle estrecha, muy llena de gente, coches pitando, gente gritando, humo, lluvia, luces… en fin, demasiados estímulos. Supe que me había desacostumbrado a semejante escenario cuando me di cuenta de que me empezaba a faltar aire. Los lagrimones empezaron a saltar, me temblaba el pulso, me mareé. Me recosté en una pared y respiré profundo. Pude coger el móvil y llamar a mi hermana, que me tranquilizó. Me subí en el primer autobús que pude para salir de ahí.

No me gustan las aglomeraciones, me ponen nerviosa. Especialmente si se trata de situaciones no buscadas. Me explico. Un bar, una disco, un concierto… no hay problemas. Las tiendas llenas de gente, el supermercado a petar, Las Ramblas ayer por la noche: mal, muy mal. Terriblemente mal.

Ayer salimos a dar una vueltecilla el Hubby y yo. Era impresionante la cantidad de gente que iba por ahí, una cosa increíble. Intentamos buscar un libro en FNAC y salimos corriendo. Intentamos tomarnos un café en varios lugares y tuvimos que irnos sin conseguirlo. Gente, más gente, mucha y mucha más gente. Estaba angustiada.

Decidí que no me dejaría llevar más allá, me concentré en ver hacia el suelo (ahí no notas la cantidad infumable de gente). Hoy… hoy no lo logré. Estábamos tomando un café, empezó a llenarse el sitio de forma desmedida. Música a volumen alto, conversaciones que subían de intensidad, un chico hablando cada vez más alto e histriónicamente. Poco aire a mis pulmones, lo notaba… tenía la sensación de que no podía contener suficiente aire en el pecho para respirar normalmente.  Le dije al Hubby que me iba y salí casi corriendo a tomar aire a la calle, mientras él terminaba de guardar sus cosas y venía a buscarme.

Hoy me asusté, la verdad, porque es la segunda vez en dos días seguidos; hasta ahora me había pasado una o dos veces en tres años. Y mi impulso de hoy fue ponerme a gritar, necesitaba gritar, aunque lo contuve. Una vez que se me pasó, me entró un cansancio impresionante, como si hubiera tenido un subidón de adrenalina que me dejó agotada.

Ya sé que suena como ataque de pánico, o de angustia… no llega a ser tan grave, aunque no me gusta nada sentir que podría ser peor. Y no, no es nada agradable.

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¡Se te ve el plumero!

A la gente se le sale su verdadero pensamiento cuando le piden crear.  Es fácil ser políticamente correcto en el discurso, pero si cambiamos de hemisferio cerebral la cosa se disimular se pone más complicada. Hagan la prueba, pídanle a alguien que escriba un relato… por ejemplo sobre: una persona negra, /un homosexual / un inmigrante latinoamericano* en España / una mujer ejecutiva de una empresa importante/ una prostituta. Con este poco estímulo puedo asegura que saltan los fusibles. Saltan los estereotipos (africano en patera / loca desatada / ladrón de trabajo / una zorra prepotente / en la calle ).

Lo entiendo, TODOS tenemos una zona errática donde juzgamos según el prejuicio, pero hay sitios donde debería estar prohibido. Me explico:

Estoy llevando un curso con nombre rimbombante, pero en resumen se trata de creación de argumentos para televisión (de series de televisión… desde culebrones hasta sitcoms).

Uno de los primeros ejercicios partió de una descripción mía. Apunté en una hoja algunos datos sobre mí. Luego los compañeros fueron aportando datos para crear una historia. Así, de ser una chica nacida en Centroamérica, fan incurable del helado y el cheesecake, que le gusta leer… pasé a ser hija ilegítima de un señor feudal dueño de cafetales con su empleada doméstica, a reconciliarme con el padre ficticio antes de su muerte por interés en la herencia y a tener tratos con narcotraficantes que, a su vez, hacían tratos con sicarios para cargarme a cualquiera que se me interpusiera en el camino.

Ya sé que es ficción, pero también parte del imaginario de cada quien… en este caso “chica nacida en Centroamérica” tenía muchas más connotaciones de las imaginables, fue la que se robó el show y no para nada positivo. A ver si a una chica nacida en “Sarriá, Barcelona” la terminan metiendo en líos como este.

La gente… la gente… de verdad.

*Ps. Aprovecho la oportunidad para aclarar que los latinoamericanos podemos ser norteamericanos (no, no son sólo los estadounidenses), centroamericanos, sudamericanos o de las Antillas. Y luego, también tenemos nacionalidad, por si acaso. A ver si dejamos de decirle a todos “sudamericanos”, que yo NO soy del sur ¿vale? Es verdad que algunos geógrafos dicen que Centroamérica es parte de Norteamérica, pero 1. Dicen parte de NORTEAMERICA, no de América del Sur. Y 2. Esos geógrafos son tarados.

De paso, ya que me quejo… “América” es un continente, no un país. El país al cual la gente se refiere así se llama Estados Unidos de América, AKA Estados Unidos. Y en vez de “americanos”, en castellano se les puede llamar “estadounidenses” y es perfectamente comprensible. Para más referencia de cuán pesada me puedo poner, preguntar a El Hubby, que cada vez que dice algo sobre algún “americano”, tiene que aguntar la pregunta de Black Betty: “¿Americano… americano de dónde?”.

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¿Vaciar Papelera?

A partir de ahora escogeré “no”.

Esta semana ha sido una de pasados que se escapan sin que pueda hacer nada.

Empezó con mi ordenador.

El martes, leyendo mi correo electrónico, no lograba que respondiera. Estaba absolutamente pegado, no iba el cursor, no iba el mouse, no iba nada de nada. Hice lo que hacemos los simples mortales en estos casos: reiniciar.

Dos minutos después… la pantalla en gris. Un beep corto, dos más largos y graves. Reinicié de nuevo, esperando que fuera un problema momentáneo. Nada. Al borde del colapso, le pasé el ordenador a El Hubby. “Tu ordenador no encuentra el disco duro”, me dijo, tras una hora de intentar distintas soluciones. El colapso pasó a  ser total.

No pude dormir. Normal… de tarada completa, hace un año y dos meses que no hacía copia de seguridad de mis archivos.

Al día siguiente, el técnico completa el diagnóstico de El Hubby: “Tu ordenador no encuentra el disco duro porque se fundió. Y con él, los datos”, sentencia.

Todas mis trabajos académicos se fueron al carajo. Dos obras de teatro (una de ellas de 120 páginas… jódete). Las correcciones de dos novelas (de 350 págs cada una, más o menos) también estaban en el disco duro. Esto por hablar de lo importante… series, películas, textos bajados de la web, música: se recupera y por eso no me corto las venas.

El jueves acabé con el estómago destrozado. No todos los días pierdes tu trabajo con tanta facilidad.

Hoy llamo a mi madre. Entre risas, como si fuera una broma me cuenta que ha tirado a la basura una buena parte de las fotos de mi exnovio. Le pareció que no tenían importancia porque en la mayoría de ellas salía haciendo payasadas. Mis recuerdos, partidos en cuatro, en la papelera.

Al borde del colapso. No por las fotos en sí (que también), si no por la impotencia. Una vez más, y en la misma semana, mis recuerdos se van a la alcantarilla sin que pueda hacer nada.

Tantas horas de mi vida, fundidas, rasgadas, disipadas. Y yo trato de sonreír, pero cuesta. He tenido un par de meses agotadores, anímicamente desgastantes. No sé qué pasa… pero ya basta. No tengo energías para nada, me cuesta empujarme de la cama en las mañanas. Trato de ver el lado positivo, de sonreír, de no sentirme en medio de una broma absurda.

Pero no siempre funciona.

Eran mis recuerdos. Míos. Y mi trabajo. Mío.

Basta. No puedo más.

PS: ACTUALIZACIÓN QUE YA ES PARA PUTEARME: HOY ME ROBARON LA CARTERA

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Adolescencia… ¿bendito tesoro?

Pierce Brosnan, Kate Winslet, Rihanna, Tom Cruise, Michelle Pfeiffer, Kevin Costner, Harrison Ford. ¿Qué tienen estos famosetes en común? Aparte de –probablemente- una cuenta bancaria importante gracias al showbiz, todos estos fueron víctimas de los típicos malos de la clase. Conocieron, de primera mano, lo que significa el bullying.

Supongo que también habrá famosos que hayan estado del otro lado, es decir, que hayan sido los malos bravucones, pero no es políticamente correcto decirlo.

Sin embargo, me da la impresión de que ese punzonazo provocado por sentirse siempre en el ojo de la mira puede tener efectos positivos. No estoy defendiendo el bullying, jamás, pero así como hay quienes se derrumban al ser maltratados, también los hay que luego toman aquello como un impulso. Hay una necesidad posterior de demostrar la propia valía.

En mi caso, por ejemplo, los de la adolescencia fueron años estresantes… como todos, tenía una lista enorme de complejos. Que si era muy alta, que si era muy flaca, que si era muy empollona, que si era poco solicitada entre los del género masculino, que si era muy oscura de piel, que si tenía el pelo muy rizado, que si era muy escandalosa, que si era un poco cieguita, que si tenía granitos en la cara, que si me gustaba el chico que ni sabía mi nombre, que si…

Muchos, por no decir la mayoría, de estos complejos fueron causados por un agente externo. Siempre hay alguien que se divierte con verte padecer, mejor aún si te remarca algo que parece un defecto innato imposible de cambiar. Vistos en perspectiva, esos años de ser material de las burlas ajenas me han acabado dando material para hablar, escribir, quejarme, actuar. ¿O será que los aspirantes a artistas tenemos un gen sufridor?

Durante mucho tiempo he dicho que gustaría volver a los 12 años con mi conocimiento actual, pero más que eso, pienso que lo que realmente disfruto es esta sensación, paulatina, de que cada vez me importa menos lo que piensen de mí.

Et toi… ¿eras de los que recibían las burlas, o los que las producían… de los que se callaban, o de los que se defendían? ¿Regresarías a poner a alguno en su lugar?

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Lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks

He caído… otra vez. He estado leyendo una novela de Lucía Etxebarria. Y cada vez que lo hago necesito hablar de esta chica… Aporreadme, lo merezco.

La que leo es “Beatriz y los cuerpos celestes”. Antes de esta me he leído “Amor, curiosidad, prozac y dudas”, “De todo lo visible y lo invisible”, “Un milagro en equilibrio”, “La eva futura. La letra futura” y “Cosmofobia”. De todos sus libros, este es el que menos estoy disfrutando.

Sé que mi relación con la autora es curiosa… no la soporto, pero luego voy y compro otro libro suyo, que leo compulsivamente. Me sorprendo con los saraos en que se mete (o se metía, anda menos alborotadora últimamente). Que si plagio, que si palabras malsonantes, que si editó en broma o no su propia entrada de wikipedia…

Tras la lectura de tantas páginas suyas, la mayoría de sus razonamientos me parecen o bien falsamente adolescentes, o pretenciosos. Como si nunca pudiera contar una historia que no vaya de la era de extásis, Madrid en ebullición, sexo, drogas y rock and roll.

Miento. Cosmofobia no sigue ese patrón, pero paradójicamente es menos adictiva que las otras.

¿Entonces? ¿Es culpa de ella escribir, digamos, a medias y que yo la lea de todas formas? No. ¿Por qué me irrita tanto? No sé.

Lo que pasa es que creo que he llegado a un punto de saturación. Lo que cuenta no me dice nada. Me faltan 30 páginas de “Beatriz y los cuerpos celestes” y no avanzo… he lavado platos varias veces para evitar ponerme a leer. Me pasa como cuando estaba leyendo “Es fácil dejar de fumar si sabes como”, que te dice que no dejes el cigarro hasta que acabes el libro… sobra decir que me pasé meses en las últimas cinco páginas. Pues lo mismo, nuestra relación se ha enfriado, hemos perdido el feeling. Lo que fue un bonito tira y encoge de amor/odio es ahora pura indiferencia. Y seguramente que la destroyer-postmoderna-cultureta-bohemia que se esconde en mí no quiere dejarla. Es el final.

Querida… lo siento, acabaré el libro porque no me da la gana que te salgas con la tuya.

Pero será la última vez que lo haga, te di muchas oportunidades y está claro que ya estuvo bien.

No me busques. Olvídame. Good bye, Lucía.

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Niño Terremoto

Antes de empezar, aclaro que no pretendo ofender a nadie. Así, si alguien tiene hij@s como los que paso a describir, ruego su tolerancia hacia mi opinión, claro que parte de mi NO experiencia y sé que así es muy fácil hablar. Jiji…

Lunes por la tarde. 29-30 grados al menos. Casa de mis suegros en las Ijlaj Canariaj. Una amiga de El Hubby decide pasar a saludar. Trae consigo a su marido, dos cajitas de galletas caseras y al Niño Terremoto.

Hace un año le vimos, era un bebé de brazos adorable, sonriente y risueño. Pero ha crecido, por lo visto un poco dejado de la mano de Dios.

No han pasado dos minutos cuando el Niño Terremoto ha intentado tocar las dos jarras con té y leche, las tazas, los vasos, tres cucharas, el azúcar de dieta. Finalmente se cansa, coge un carrito de servir comidas que ha traído mi suegra y lo pasea por ahí. Poing! El carrito rebota una vez contra la pantalla del televisor. Poing! Otra vez… al parecer no fue accidental. Al sexto o sétimo golpe, ante el pasotismo de los padres, mi suegro acaba por pedirle a El Hubby que aparte al Niño Terremoto.

Los padres ni se inmutan. La madre se excusa con un descarado “es que es un niño, él es así”. Cuando pasa a más su comportamiento, ella va describiendo de previo lo que va a hacer. Se le cae un vaso lleno de agua al suelo. “Yo sabía que se le iba a caer”, dice. Todo cuanto no debe hacer ni debe tocar lo hace y lo toca.

Pronto descubrimos el por qué. Le dicen “noooooo” y luego le dan lo que quiere. El Niño Terremoto quiere Coca Cola (por Dioooos, si tiene 2 años, ¿por qué lo dejan tomar Coca Cola?). La madre le dice que no, dos minutos después le da el vaso. Pasan de llamadas de atención tímidas al regaño grosero. No resulta. Sabe que si presiona saldrá triunfante.

Dos horas después, El Hubby y una servidora quedamos agotados. Exhaustos. La familia se va de casa de mis suegros. Yo sólo atino a decir dos cosas: 1. qué miedo tener y criar hijos y 2. prometo hacer todo lo que esté a mi alcance para que mis hipotéticos hijos sepan comportarse, al menos en casas ajenas.

Foto: John Kelly

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