Posts tagged Betty se buena

Black Betty y el caso Panza Delicada

Repasemos…

Fui a hacerme la prueba de intolerancias alimentarias hace unos quince días. Hoy voy por los resultados y se ve que si combinas intolerancia a la soja, a la leche de vaca, a un par de mariscos, a la levadura de cerveza, a la cola (ya esto de la Coca Cola me lo sabía), a la avena, al trigo y a la sémola de trigo duro… básicamente NO puedes comer:

-ni hamburguesas, salchichas, ni embutidos (sólo jamón dulce que especifique que no tiene ni trigo ni lactosa… porque believe it or not, la mayoría tienen ambas cosas). Ninguna carne rebozada ni alimentos gratinados. Nada de salsa de soja…

-ni galletas –dulces o saladas-, ni donuts, ni pan –neither de molde nor de la panadería-, ni pasta –de ningún tipo, no puedo comer pastaaaaa-, tampoco cereales para el desayuno (sólo los de maíz… Corn Flakes ven a mí), ni bizcochos, ni ningún tipo de bollería.

-chocolate, colacao y similares, ni pudines ni flanes ni helados. Tampoco yogurt, ni batidos de ningún tipo, ni bechamel, ni nata, ni leche de vaca o queso de vaca o cualquier cosa derivada de estos dos –tampoco de soja-, ni mantequilla, caramelos, pasteles en general.

-say goodbye to la fideuá y la paella. Ninguna salsa que lleve mariscos. Sobre todo debo mantenerme alejada del cangrejo y las almejas.

Y paro… aunque la lista no acaba ahí, que estoy tratando de hacer caso a mis amigas queridas que me dicen que me concentre en lo que sí puedo comer… pero yo veo la lista y pienso… ¡todo lo rico me lo han prohibido!

Lo de lo saludable de una alimentación “balanceada” es un mito, si me han quitado como la mitad de lo que supuestamente debería comer… Jo.


ps. en realidad estoy contenta, tras casi dos años, de saber qué le pasa a mi estómago, pero ahora me toca acostumbrarme a las nuevas reglas…

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A gym? What’s that?

Érase una vez una BlackBetty entre ocho y seis años menor, que se envició con el gimnasio. En resumen, había dejado mi trabajo como periodista y llevaba dos materias en la universidad, por las noches. Ergo, me aburría. Así, acabé yendo en promedio dos horas diarias, cuatro o cinco días a la semana, al gimnasio.

Pero héte tú que las buenas costumbres se transformaron en ensayos diarios, con entrenamiento físico de una hora (por lo que no necesitaba el gimnasio) y luego en un viaje al otro lado del charco (y estaba deprimida, no me daba la gana ir a gimnasio). Cuestión que pasé de mucho ejercicio a nada.

Un día, Mr. Hubby me contó de un gimnasio, palabra casi olvidada, que es la caña. Aunque aguanté dignamente varios días sin ir, la tentación y la curiosidad me ganaron. Fui a visitar el famoso lugar y oh… ohhhh… ohhhhhhhh… creo que he encontrado el sitio donde enviciarme no me va a costar nada.

Hoy nos apuntamos y me quedé haciendo Pilates; después media hora en la banda caminando “enérgicamente”, por aquello de que no puedo correr con mis tobillos de gelatina.

Cruzo los dedos para que me dure el embelesamiento, porque con una sola sesión de hora y media se me han quitado la mitad de mis males físicos.

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Cosas veredes…

…Sancho amigo.

La Malagueña ha pedido (vía facebook, of course) explicaciones directas. preparo un mail candente… en todo caso, salvada estoy de ser tachada de mala… el que avisa no es traidor y mi silencio era bastante elocuente.

Estoy en “mi país”. Para variar, ya empezamos con mis disquisiciones sobre no me gusta, es raro, no sé… pienso -además de quejarme que para eso tengo quien me lea, jiji -contrarrestar el efecto siendo turista totalmente. Primer plan: Murasaki, El Galán, Black Betty, Amigo Catalán de BlackBetty y su Novia en un teleférico por medio de este parque nacional. Espero que no se resienta la familia si los veo poco…

“Mi país” está entre comillas por lo obvio… y me repito más que el ajo, pero este país es donde nací, no más.

Tras cinco años en España, finalmente me noto el acento cambiado. No es que hable como española, pero entono las frases a la catalana, absolutamente. Me oigo super claro el cantadito incluso cuando escribo (¿os oís en la cabeza cuando escribís?), me lío con las palabras, la conjugación del “ustedes” en vez del “vosotros” no acaba de asentarse. Y me raya mucho que sea tema de debate, diversión e incluso sorna familiar, digo yo que algo de normal tiene ¿no? Al menos no he llegado a la pronunciación castiza de “z” y “c”.

Oficialmente odio volar. En total, esta es la vez número once que cruzo el Atlántico. Y ya empieza a dar mucho palo. Y no, las once horas de vuelo desde Madrid no se me hacen más cortas cada vez. Y la comida del avión, que antes me gustaba, tras tantos vuelos ya me la sé y no me gusta.  Me he pasado 121 horas en ese avión enorme, más las once horas en el trayecto Barcelona-Madrid. ESO SON CINCO DÍAS COMPLETOS DE MI VIDA… Talvez debería jugar el once en la Once.

En fin, que a ver cómo me va… siempre positifo, a ver si me funciona.

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Mala, o considerada, o las dos…

Hace unos años una amiga -que aún sigue siéndolo- decidió “terminar” conmigo. Sí, Pija Amorosa me llamó “para hablar”, tuvimos la típica conversación de pareja que se rompe (“mejor dejamos las cosas así”) y nos dejamos de hablar un tiempo. Hasta que el echarse de menos, las coincidencias y los momentos importantes de la vida de ambas nos reunieron.

Esto, que suena a coña, me pasó de verdad. Todo fue por un malentendido y una metida de pata mía. Años después le pedí perdón. Ahora Pija Amorosa y yo nos amamos como se aman esos novios de años…

A lo que voy es que esa manera de “terminar” una amistad siempre me ha parecido extraña. Soy de las que cree que las amistades se mueren como nacen, poco a poco, a pasos pequeños, a distancias que se alargan o se acortan, se diluyen con a misma naturalidad con que se formaron.

Por otra parte, y aquí entro en materia, sé que tengo tres o cuatro meses de hacerle el vacío a Malagueña (sí, aquella que me avisó de su boda por facebook y todo lo demás). No tengo ovarios para decirle las cosas directamente, al menos no para repetírselas porque la mayoría ya se las dejé caer, pero es que además, no es una cosa en concreto la que me tire para atrás, sino un conjunto.

Me acuerdo de algunos consejos dados por aquí de ser directa… pero es que, a ver… no sé si es mejor ignorarla que decirle, en su cara “no soporto la gente negativa como tú, siempre SIEMPRE estás mal, no me ayudas a ver la vida del lado bueno sino lo contrario, me pides consejos que luego no usas ni para reírte, le cuentas cosas a tu marido que NO debería saber, o que no deberías preguntarme… o sea que me obligas a ir con pies de plomo contigo, me quieres monopolizar, no soportas que exista otra gente en mi vida, eres inoportuna, siempre te quedas muchas horas más de las que deberías, pides mucho pero mucho más de lo que es normal, y has cometido error tras error, todo el mundo se equivoca, pero como cansa que siempre se equivoquen contigo (conmigo).

Digo yo… mejor la ignorancia ¿no? A veces es menos dolorosa. Y si de todas maneras no me interesa tenerla cerca ¿para qué le voy a cantar las 40?

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I don’t do mornings…

Es curioso como algunos rasgos del carácter se asientan con los años, hagas lo que hagas para ir en contra de ellos. Uno de los míos es mi incapacidad de sonreír y comportarme como un ser civilizado por las mañanas. De hecho, en cuanto me levanto –al menos entre semana –salgo corriendo hacia la ducha, como una de las pocas acciones concretas que puedo ejecutar como prevención de asesinato.

Tengo la sensación de que El Hubby no acaba de entenderlo. No sé si es que cuando no eres una Persona con Síndrome No Quiero Levantarme (PSNQL), las rabietas de la persona que sí lo padece te parecen tonterías… o que esto es una prueba más del buen carácter de mi señor marido y de mis pocas pulgas.

En todo caso, para aquellos que tienen en su casa a una PSNQL, he aquí unas recomendaciones:

1.    Básicamente, limita tus intervenciones. Las PSNQL pueden llegar a ser peligrosas si se les habla antes de que su cerebro haya empezado a funcionar, cosa que pasa aproximadamente una hora después de despertar. Cualquier pregunta, reflexión y comentario es, potencialmente, un detonante del mal humor.

2.    Decir “buenos días” o cualquier otro intento de ser amable será bienvenido siempre y cuando no esperes amabilidad de vuelta. Es decir, para la PSNQL, es normal que le hagas tortitas y zumo de naranja los fines de semana para que desayune, pero no es normal que esperes el mismo trato.

3.    Si hay dos opciones de despertar a la PSNQL, escoge siempre la técnica. Es decir, entre un beso romántico y el despertador del móvil… siempre siempre siempre decántate por el móvil.

4.    Y lo más importante de todo: repítete diez veces cada mañana que no es tu culpa, porque no la es.

Ante todo hay que recordar que la PSNQL, en realidad, por las mañanas NO es un ser humano, es un ogro. ¿Y a que no te le acercarías a un ogro si no es necesario?

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Apuntes de sábado por la noche

*

Cené demasiado. Qué rabia, pero tenía ganas. Desde hace un mes estamos de régimen El Hubby y yo. Él, pecando más seguido con la comida, ha bajado más peso que yo, pero no me quejo porque ya dejé perdidos 4,5 kg. Bueno, sin contar la panzada que me acabo de pegar de pasta. Es que es difícil, cuando dejas de bajar el peso con rapidez la cosa pierde gracia. Pero no abandono, lo de hoy fue un desliz consciente.

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El ensayo fue bien. Las actrices son fantásticas, de las que da gusto trabajar… piensan, aportan, discuten, escuchan. Esta semana nos toca levantarnos de la mesa, lo del análisis está bien pero ahora toca transformarlo en acción. A ver cómo resulta. Sigo perdida, o con la sensación de ir perdida, pero no me angustio. Me doy unas cuantas semanas de probar y equivocarme antes de fijar nada.

*

El Hubby tiene un primo que me cae super bien. Había terminado con su novia, que por cierto NO es de mis personas favoritas, pero esta semana me enteré de que han vuelto. Y yo no sé por qué me da tanta pereza que estén juntos otra vez. No es mala chica, la verdad, aunque sospecho que tiene un récord guinness de pijas mundiales asociadas. Me toca volver a ensayar la sonrisa social de “no soy tu amiga pero tampoco te voy a arrancar la cabeza, nena”.

*

Tengo que terminar mi trabajo de literatura y me da taaantaaa pereza. He empezado a usar los típicos recursos de estudiante desesperada: cambiar el tipo de letra para que ocupe más páginas, dejar un interlineado adicional después de títulos y demás variedades de mediocridad. En realidad es culpa del profesor… profe mediocre suele resultar en trabajos mediocres, sobre todo si me quedan pocas horas y estoy cansada de Kant, Schiller, lo sublime y lo patético.

*

Ha sido una semana rara. Se me acabaron las vacaciones y ni me he enterado, no descansé –que era mi objetivo. He visto llorar a la mitad de mis amigos, a gente conocida… es como que anda por ahí una epidemia de malos ratos de pareja, rupturas, accidentes informáticos, malas notas, despidos laborales. Yo, por si acaso, digo “machalá, machalá, cancelado”, y abrazo a El Hubby más que de costumbre y le sonrío y me porto bien… por si acaso.

*

Me voy a comer chocolate, sólo para terminar con mi sesión de engorde rápido.

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DRA BlackBetty is in da house!

Recetas para un estómago feliz…


Señoras y señores. Existe una especie humana bastante particular. Se les llama médicos y suelen pasarse muuuchos años para entender el funcionamiento del cuerpo humano. Yo personalmente les tengo respeto –incluso miedo, las cosas como son –, porque creo que los que se toman en serio su trabajo son esenciales.

Pero luego están los pasotillas… los que te recetan sin hacerte un pinchísimo reconocimiento. Como mi doctora general. Es amable, simpática y sonriente… pero si puede recetarte sin acercarse a menos de dos metros, para ella mejor. Así, fui el año pasado y me mareó con un par de indicaciones que a la larga no han servido para nada. No me mando ni medio examen, a pesar de que tenía síntomas serios (es que yo creo que no poder comer durante un mes  seguido sin tener malestar y náuseas es importante, como es importante que seis meses después de recetada lo que me mandó no me haga efecto alguno…  y que te pases una noche  cada quince días, en promedio, sin poder dormir por el asunto… igual la pifió, digo yo, tonta que es una).

Cual buena heroína moderna, tomé la justicia por mis propias manos e hice lo que hacemos los simples mortales dejados a la buena de Dios… atajar los desencadenantes del malestar, sin saber muy bien qué los causan.

Como sé que mis dolores y molestias de barriga no pueden ser normales, decidí dos cosas: la primera, no tomar más de dos bebidas alcohólicas. Sí, como leen, dos es la cuota máxima de esta servidora. Con tres acabo vomitando y mareada durante las siguientes 24-48 horas. De verdad, no exagero. Tres cervezas son graves, tres vinos son muy graves y tres whiskeys son terror y miseria, condena eterna. Así que tomo dos y luego me gasto lo de los cubatas en tónica con una rodajita de limón o agua, directamente.

Segunda medida: hacer dieta. No se trata de bajar de peso, aunque agradezco el kilo que he bajado en una semana. Se trata de que ya he visto que es automático: exceso de cualquier tipo= síntomas con fuerza. No puedo comer leche entera ni derivados… eso hace años, pero ahora le sumamos la cantidad de comida de cualquier tipo, la forma de preparación, el número de comidas al día. O sea, que estoy hecha una delicada, directamente, pero me negaba a aceptarlo porque qué buena es la comida, por amor a Dior! Así, hervidos, a la plancha, al vapor, al horno… poca o nada de grasa, vegetales y frutas por un tubo, nada de chatarra.

Pero como nadie es perfecto y esta vida parece de carmelita descalza, he vuelto a caer en el vicio del tabaco. Sí, mal, lo sé… después de siete meses… pero ya está, nada qué hacer por ahora.

Y finalmente, la mejor de las soluciones: una Motilium antes de comer.

Atiendo por las tardes, pedir cita con mi secretaria. Tarifas buenas, buen trato, muy limpio.

Para que luego hagan campañas contra la automedicación…


ps… basta que diga que no posteo para largarme un post kilométrico…

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Tudo bem

Cambio de chip. Paso de pensar en nada que no sea genial.

Tudo bem

Tot bé

Tutto bene

All right

¿Otros idiomas?

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Noruega y sus consecuencias

Hay momentos concretos en la vida de cualquier persona que se convierten en un punto de giro. Cambia la acción, como en el teatro, el personaje o bien se decanta por un nuevo objetivo o, incluso más interesante, entra en proceso de anagnórisis. 

Según los trágicos griegos (más bien según Aristóteles… pero ese no es el punto), la anagnórisis consiste en el reconocimiento del fallo trágico del personaje. De eso que lo ha llevado a ser castigado por los dioses o a fraguarse su propia desgracia. Cuando Edipo se da cuenta de cuánto la ha cagado, vamos. 

Así, el viaje a Noruega ha sido una completísima anagnórisis. 

Me explico: 

Durante años he tenido problemas estomacales variados. Cuando terminaba segundo año de universidad (oh, año 97, qué lejos me quedas) estuve varios meses con dolores severos en la boca del estómago. Como le tengo recelo a las pruebas médicas complejas (y para mí una gastrocopia lo es), me aguanté sin hacer nada de nada, oculté que me dolía y el padecimiento acabó por pasar solo. Dejé de tomar leche entera, punto.

Durante estos últimos 11 años diría que he tenido algunas épocas malas, sobre todo los dos años que trabajé de periodista a jornada completa (lo dejé, claro está) y en el último año, más o menos. Pero siempre tenía esa típica sensación de que no era nada grave y que podía aguantar. 

Hasta ahora.

Aparte de pasar casi dos semanas comiendo poco, despacio y escogiendo con lente de aumento las comidas (menos hoy, lo confieso, me comí dos waffles), tener malestar estomacal casi cada día y sentirme mal física/mentalmente, he visto de cerca un caso peor.

El primo-noruego-empresario de El Hubby tiene poco más de 40 años. Vive en una casa enorme, de casi 1000 m2 en total -dividida en dos plantas, un sótano y un ático-. Tiene coches buenos, un trabajo por su cuenta que le produce ganancias, un bote super chuli piruli de 35 pies, una casa en una isla del fiordo que llama “cabaña”, pero es un mini palacete rural, una chica fantástica a su lado y un perro malcriadísimo pero adorable. Junto con eso también tiene o ha tenido diabetes, cáncer en la piel, problemas serios en las cervicales tras un accidente, pérdida de fuerza en un brazo, piedras en la vesícula, piedras en los riñoñes, gota y úlcera. Su bienestar material y el de su familia le ha hecho descuidar su salud, aunque lo haya hecho por necesidad (tuvo que asumir con su hermano la empresa familiar a los 21 años).

Es un poco lo que hacemos los irresponsables, aunque sea en menor escala. Me cuento entre ellos. Siempre hay algo más importante que cuidarse. Hay trabajo por el cual responder, obligaciones económicas, obligaciones académicas… el tiempo es poco y nunca es propicio cuando se trata de ver médicos: siempre hay excusas.

Ver al primo-noruego-empresario temblar del dolor, acostado en el sofá, por un ataque de la vesícula, culmina mi proceso de anagnórisis… he sido una irresponsable, pero no voy a llegar averiada a los 40. Me niego. Cuando las abuelas dicen que la salud está primero los nietos sonreímos, hay mil cosas que podemos imaginar más importantes, más llamativas, más divertidas: pero tienen razón. No hay ningún otro bien, material o espiritual, que pueda reemplazar el acostarse a dormir tranquilo, sin temer despertarse en medio de la noche sintiéndose fatal. 

He pasado dos semanas complicadas, pero mirándole el lado resplandeciente, son el disparo de salida hacia otra forma de verme en términos de salud. Hasta ahora sabía que el cuerpo fallaba, que se desgasta y bla bla bla, pero también me creía -de cierta forma- inmortal, cuando ha sido simple y llana suerte.

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BlackBetty jura…

Yo, BlackBetty del Santísimo Socorro, vecina de L’Eixample, Barcelona; visitando el terruño por unos cuantos días más, juro solemnemente ser responsable conmigo misma en los siguientes puntos, en cuanto regrese a mi casa:

1. ir al gastroenterólogo, teniendo en cuenta que el dolor de estómago en el lado izquierdo durante meses, on and off, no es normal. Sobre todo porque a veces me duele –y mucho- con sólo tomar agua.

2. ir a verme el pie, teniendo en cuenta que el dolor en el tobillo, tras el esguince de principios de año, no es normal. Sé que no lo tengo bien curado y no quisiera que se me vuelva crónico.

3. ir a el/la dietista, teniendo en cuenta que tengo unos tres años de ganar tres kilos en promedio. O sea, que peso unos 10 kg más que en el 2005 y no puede ser saludable, y tampoco quiero hacer dietas locas porque sé que puedo caer en ellas fácilmente. Mejor prevenir.

4. Adscrito a este punto, juro solemnemente ir al gimnasio de una vez por todas, al menos tres veces por semana. No sólo por el tema estético, si no principalmente por salud. Tengo más achaques de los normales para no llegar ni a los 30 años.

5. En general, juro con entusiasmo cuidarme más.

Foto: Wesley Hitt

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