
Ahora viene el turno de los “no-nos”, esos detalles que me tiran para atrás ante una novela.
1. De paso aclaro un punto del post anterior… no me gustan las novelas que dejan líneas argumentales importantes sin acabar. Incluso hay algunas en que entiendo que el autor hace una elipsis, pero de la misma manera si es interesante, para mí debería contarse. Pongo un ejemplo: entre el primer y segundo capítulo de La soledad de los números primos, de Paolo Giordano, se dejan de contar detalles. No es taaan relevante para la novela, pero yo personalmente quería saber cómo pasó el personaje del punto A de su vida al punto B.
2. No puedo con los autores que te mastican y te digieren todo. Los que dicen “la lágrima cayó por su mejilla, estaba triste, se sentía desolada”… hombre, si llora… pues ya me imagino que está triste y si no es tristeza, quiero descubrirlo. Justamente por eso, las descripciones a veces me molestan… si no me aportan detalles nuevos de los que yo misma puedo extraer conclusiones, pues me parecen innecesarias. ¡Muéstrame, no me cuentes!
3. La repetición temática insaciable. Ejemplo: Lucía Etxebarria. Drogas, sexo, mujeres extremas, más sexo, más drogas, familias extremas, más drogas, más sexo y sí, más sexo. O sea, entiendo que es uno de los puntos que más tira de sus libros, yo misma me he leído unos cuantos, pero llega un momento en que parece que recicla la misma novela.
4. Las novelas pretenciosas… esas que quieren inyectarte, con una obviedad molesta, lo inteligente, culto, conocedor, superado y superior que es el autor. Creo que un autor pretencioso se diferencia de uno realmente sabio en que al segundo no se le ve el plumero. Me gusta Javier Marías, por ejemplo, y jamás he sentido que meta citas o guiños de otros libros con calzador, más bien parece venir de una realidad y asimilación del conocimiento… (Ricardo III de Shakespeare, por decir uno evidente… “Mañana en la batalla piensa en mí”)
5. Las modas. Sí, soy de esas… cuando hay un boom de un libro, me escamo. No quiere decir que no lea best sellers, sino que me los miro con lupa. Por ejemplo, con la Trilogía Millenium, corrí con la suerte de que me entrara la fiebre antes de la fiebre generalizada. Me negué a leer El Código da Vinci (más allá de su calidad o no, ahí no entro…) porque parecía que era la única conversación posible con los amigos. No soporto “tener” que leer nada.
6. Las malas traducciones… sé que dejé la Sra Dalloway porque la traducción atentó contra mi salud mental, al igual que El Lobo Estepario… con el agravante de que ambas provienen de la misma editorial. Un ejemplo adicional viene de “Hasta que te encuentre” de mi amado John Irving. El libro dice “everybody must get stoned” (todos deberían colocarse-drogarse) y el genio del traductor puso “todos deberían ser apedreados”.
Y ya tá.