Fin de semana

El viernes me fui a un concierto recomendado por Masmi. Pero… resulta que entre Biotecnóloga -que se olvidó del candado de su bici- y mi tobillo -que decidió que media hora era suficiente, acabamos subiendo a casa de Geniecillo Fashion. Hay que ver cuánto da de sí el refresco de limón… porque a las 3 am el pobre Hubby me hacía caritas de “me quiero ir” mientras yo no paraba de conversar.

El sábado cumplió años Argentina Linda (NO confundir con Francesa-Argentina). Fuimos a cenar con sus padres, su hermano y una amiga suya a un italiano. Luego a tomar cócteles por ahí. El Hubby se aventuró con un White Russian, yo con un Mojito.

Descubrí dos cosas… la primera que Argentina Linda es de esas mujeres muy guapas, inteligentes, simpáticas, con gracia, trabajadoras, divertidas, sonrientes y buenas personas que no tienen pareja. Para mí es un misterio. Y no es que haya escogido estar soltera, en cuyo caso respetaría y entendería su soledad. Me da la sensación de que intimida.

La segunda cosa, confirmada más que descubierta, es que su hermano está tan encantado de conocerse y, sobre todo de escucharse, que si lo dejás monologa horas y horas sin parar. Lo salva que es buen chico. El Hubby tuvo que aguantar con una sonrisa una charla unilateral de unos 50 minutos.

Y ayer… bueno, un poco cocinar un poco de bajar la comida de los tres días anteriores. Y empiezo clases normales…

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…la desventaja…

…de hacer ejercicio… es que me MUERO del hambre. Creo que volveré a hacer snacks sanos: zanahorias, por ejemplo. Porque los donuts y el pan me hacen ojitos cada día, para que los devore sin compasión. Y así, claro, no bajo de peso ni un gramo.

Hablando de gramos… me encanta mi indecisión. Entré al gym diciendo que era por salud, y sigue siendo verdad, pero cuando ves que la pesa dice que has bajado un poquito y otro poquito, resulta que te entran ganas de bajar pocotes y pocotes.

Para llegar a mi meta me falta perder unos cuatro kilos más.

¡Poder del gym y las zanahorias… venid a mí!

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Las cau(sua)lidades

Hace unos meses conocí a Pequeña Argentina-Francesa. Entre intercambios de obras teatrales y libros, también me ha invitado un par de veces a un concierto del grupo de un amigo suyo.

La primera invitación, hará cosa de unas tres semanas, la rechacé porque me dio pereza, pero iban varios de mis amigos. Sin embargo, pensé en una “friendemy” de triste recuerdo -llamémosla Loquiña- sin saber muy bien por qué. Loquiña se me quedó en el pensamiento varios días.

Ayer por la mañana Pequeña Argentina-Francesa me envía otra invitación, tocaban anoche antes de irse de gira por ahí. Tuve la corazonada de que la Loquiña algo tenía que ver… mi única pista es que toca el piano, pero se me metió entre ceja y ceja que… en fin.

Me voy a la página de myspace del grupo… y sí, es ella. Está ahí en la foto, sonriendo.

No creo en las casualidades, si no en lo causal, aunque a veces no sepas seguir la línea de acontecimientos.

Las cosas con Loquiña acabaron mal… ella usó cosas personales mías para herirme de la peor manera… de esas que confiesas por confianza extrema. Y le hizo creer a mi empleador ocasional de entonces que yo seguía de vacaciones en mi país, para ir ella a trabajar en vez de mí. Todo esto en mis narices, ya que esa semana quedamos dos veces y no me dijo lo que estaba haciendo por las mañanas: sí, trabajando en mi nombre porque yo “seguía de viaje”.

Me quemé con Loquiña.

Pero verla metida en un grupo me dio gusto; sé que es una chica que tiene talento –y mala leche también- y que le gusta el mundo artístico. Y también me dio morriña. Mucha. Primero me corto la mano antes de llamarla o buscarla otra vez, me hizo daño y no le tengo rencor pero no la quiero cerca… pero la nostalgia es taaaan cabrona.

Me pasa con mucha gente que, adrede, he dejado atrás… tengo que aprender a condenar algunas puertas.

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Con mono

Hace al menos dos años que no empiezo a escribir narrativa nueva. Lo de la reescritura va lentito, un poco porque el estudio me absorbe y otro poco porque, honestamente, no me gusta nadita de nada corregir mis textos.

En estos días he empezado a sentir el mono de ideas nuevas. Tengo un par, aún sin forma, dándome vueltas en la cabeza. Una es nada más que el título, la otra aún es nebulosa y duda, porque está bastante vinculada con mi propia vida y no sé si me veo con el valor de escribirla. Sobre todo porque si algún día sale del cajón, podría ser un problema gordo con terceras personas. En todo caso, me he impuesto la meta de terminar la corrección de la novela que tengo entre manos antes de pasar a otra cosa.
Como una droga, tengo que resistir la tentación de escribir cosas nuevas. He pensando ser indulgente y darme permisos: por cada tres horas de revisión, tengo media hora “libre”.
La verdad que este vicio me encanta.

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El peligro de ser “exclusivo”

Como ya he contado alguna vez, tras un par -o tres, las cosas como son- de trancazos, pasé de ser señorita amistosa a ser señorita escrupulosa. Sinceramente no es que desconfíe, es que espero confirmación factual para confiar. Hablo de amistades nuevas, mis amigos de siempre están y no son sometidos al tratamiento de “sospechoso hasta que demuestren lo contrario”. Tras cinco años casi por estos lares, cuento con una mano mis amigos cercanos… ¡¡¡y me sobran dos dedos!!!

Hay días en que me parece que está bien eso de tener un pequeño círculo de confianza, los “amigos”, uno más extendido de “amistades” y uno medianito de “conocidos”.

Otros días, en cambio, pienso que estoy cometiendo un error. Por ejemplo, veo que cuento más en el blog que en la vida o que pasan las semanas y no veo fuera de horarios obligados a la gente que quiero.

Justamente esta semana me he sentido algo sola. Desde hace una semana no veo a El Geniecillo Fashion. Yo falté a clases del jueves -tenía una cita médica- y el viernes él se fue a visitar a sus padres. La Biotecnóloga y yo nos fuimos a tomar una Trina Naranja (literamente, pero como premio al aburrimiento nos ganamos dos entradas al cine…) el viernes, desde entonces no la veo porque héte tú que ella no hace el curso intensivo en el que estoy. El fin de semana cenamos con dos amistades, pero son amistades… no les cuento mi vida y disfruto su compañía, pero no las echo de menos si no están ahí.

Así, durante los últimos tres días voy a clases “sola”, simpatizo medio obligada con los compañeros y sí… me siento sola.

La solución, que sería ser menos exigente, tampoco me parece satisfactoria.

Geniecillo no regresa si no hasta el lunes… buju… sigh.

Mañana llamo a Biotecnóloga.

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“es que eres muy casera… es eso”

El viernes fui a tomarme un zumo* con Biotecnóloga. Casi antes de despedirnos empezamos a hablar de temas misceláneos y salió el gusto/disgusto de salir. Yo, personalmente -y para burlas varias de mi hermana- no soy de salir.

Me explico… prefiero ir a cenar y volver a casa; quedarme en casa y ver una película, tirarme en el sofá a leer… antes que salir por ahí de copas, o de copas y a la disco… y ni se diga de botellones y similares. Que no. Me da mucha pereza, usualmente me aburro con cierta rapidez y como últimamente tomo zumo (tampoco bebo), llega un punto en que el desface desfase (lapsus dedístico…) generalizado me irrita. No soporto ser canguro de borrachos, eso seguro, y tampoco me gusta la sensación de que TODO alrededor se va degenerando. Parezco una abuela, lo sé, ni modo.

Biotecnóloga, que es tan graciosa, me dice “por eso somos amigas, nunca te lo había detectado… pero eres muy casera, es eso”. Yo sonrío… es de las pocas personas que entiende el placer de estar en casa y que no le parece que desperdicio mi juventud al no salir frecuentemente.

*diría café, pero lo he dejado…

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Lo que me gusta

Para un ejercicio de clase he tenido que hacer una lista de cosas que me gustan… es enoooorme y podría seguirla. La comparto:

La primavera, los abrazos de mi madre, las fresas con naranja, las cerezas, las uvas sin pepitas; los helados de dulce de leche. I feel good a todo volumen. Los viejos tiempos, cerrar puertas, las nuevas oportunidades. Los ataques de risa injustificados. Las mariposas azules. Las novelas de Saramago, John Irving, Lionel Shriver y sus personajes que salen de las páginas para tomarse un vino. Llorar en las obras de teatro. Escribir. El cumpleaños de Chagall.

Recordar, olvidar. Coser.

El vampiro de Munch. Los fiordos. Los niños menores de siete años siempre y cuando no sean míos. Los gatos. Los perros que saben que son perros, y no personas. Los pendientes de colores. Ver dormir a la gente. Abrir regalos. El cordero al horno. Cocinar. El olor del desinfectante. El olor a pintura. La albahaca, la hierba buena y el perejil. El cheesecake new york style. Sacar fotos. Tener razón.

Frida Kahlo, Alejandra Pizarnik, Sarah Kane. Ver el mar. Los lápices de colores. Hacer payasadas como niña pequeña. Mi cama con sábanas recién lavadas. Gala de Dalí. Oírlo cantar. Cantar en la ducha. Que me mimen. Ver sitcoms estadounidenses. Los monitos tití. Dormir.

Revisar precios de pisos nuevos como si tuviera una cuenta con millones en el banco. Comprar libros de tres en tres. Mafalda. Las conversaciones de madrugada con amigos. El Parc Güell. Las canciones tristes de Silvio Rodríguez y las alegres de Celia Cruz y muchas otras que quedan en medio.

Hacer compras de supermercado. Coleccionar objetos inútiles. Tomar agua. La gente inteligente. Aprender. Que me cuenten cuentos antes de dormir. Imitar el acento de los dobladores españoles. Las gambas aunque no puedo comerlas.

Romina y mirá de quien te burlaste vos, Barney. Los cronopios. Las historias de fantasmas. Los que aceptan sus virtudes sin falsa modestia. Los ordenadores Mac. Recibir cartas por correo. La decadencia mercadotécnica de Sabina. Tomar café en casa de mi abuelita. Los libros de artes plásticas.

El olor de los lirios. Las sonrisas. El té.

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Agh… sigh…

Yo que me quejaba de la dra. cabrona del año pasado.

Yo que quería que me dijeran qué carajos me pasa en la barriga.

Yo que he padecido más de un año de malestares serios.

Confieso.

No quiero ir.

Mañana tengo una prueba que debe ser inocua. Eso me dice mi parte racional, que no pasa nada, que soy una adulta y que tampoco es para tanto.

Es un exámen de tránsito digestivo… Voy en ayunas y sin fumar desde ahora  (el Señor nos coja confesados…) y la prueba es a las 4 pm. Me darán una papilla que estoy convencida que sabrá a sapos venenosos disecados en salsa de piel de elefante. Me la tendré que tomar y durante 4 horas me harán radiografías de todo mi hermoso aparato digestivo.

Y no quiero ir.

Me da miedo que la papilla sea realmente un brebaje revulsivo.

Me da miedo que no me encuentren nada y las pruebas no hayan servido de nada.

Me da miedo que me encuentren algo y que ese algo sea serio.

Me da miedo que me manden más pruebas.

Me da miedo ir sola.

No quiero ir.

En serio.

Bujuuu.

Sigh…

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Sobre narrativa II

Ahora viene el turno de los “no-nos”, esos detalles que me tiran para atrás ante una novela.

1. De paso aclaro un punto del post anterior… no me gustan las novelas que dejan líneas argumentales importantes sin acabar. Incluso hay algunas en que entiendo que el autor hace una elipsis, pero de la misma manera si es interesante, para mí debería contarse. Pongo un ejemplo: entre el primer y segundo capítulo de La soledad de los números primos, de Paolo Giordano, se dejan de contar detalles. No es taaan relevante para la novela, pero yo personalmente quería saber cómo pasó el personaje del punto A de su vida al punto B.

2.    No puedo con los autores que te mastican y te digieren todo. Los que dicen “la lágrima cayó por su mejilla, estaba triste, se sentía desolada”… hombre, si llora… pues ya me imagino que está triste y si no es tristeza, quiero descubrirlo. Justamente por eso, las descripciones a veces me molestan… si no me aportan detalles nuevos de los que yo misma puedo extraer conclusiones, pues me parecen innecesarias. ¡Muéstrame, no me cuentes!

3.    La repetición temática insaciable. Ejemplo: Lucía Etxebarria. Drogas, sexo, mujeres extremas, más sexo, más drogas, familias extremas, más drogas, más sexo y sí, más sexo. O sea, entiendo que es uno de los puntos que más tira de sus libros, yo misma me he leído unos cuantos, pero llega un momento en que parece que recicla la misma novela.

4.    Las novelas pretenciosas… esas que quieren inyectarte, con una obviedad molesta, lo inteligente, culto, conocedor, superado y superior que es el autor. Creo que un autor pretencioso se diferencia de uno realmente sabio en que al segundo no se le ve el plumero. Me gusta Javier Marías, por ejemplo, y jamás he sentido que meta citas o guiños de otros libros con calzador, más bien parece venir de una realidad y asimilación del conocimiento… (Ricardo III de Shakespeare, por decir uno evidente… “Mañana en la batalla piensa en mí”)

5.    Las modas. Sí, soy de esas… cuando hay un boom de un libro, me escamo. No quiere decir que no lea best sellers, sino que me los miro con lupa. Por ejemplo, con la Trilogía Millenium, corrí con la suerte de que me entrara la fiebre antes de la fiebre generalizada. Me negué a leer El Código da Vinci (más allá de su calidad o no, ahí no entro…) porque parecía que era la única conversación posible con los amigos. No soporto “tener” que leer nada.

6.    Las malas traducciones… sé que dejé la Sra Dalloway porque la traducción atentó contra mi salud mental, al igual que El Lobo Estepario… con el agravante de que ambas provienen de la misma editorial. Un ejemplo adicional viene de “Hasta que te encuentre” de mi amado John Irving. El libro dice “everybody must get stoned” (todos deberían colocarse-drogarse) y el genio del traductor puso “todos deberían ser apedreados”.

Y ya tá.

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Sobre narrativa

Como sabéis, soy una apasionada de la literatura. Este año llevo 20 novelas leídas, así que espero llegar sin problema a mi meta anual de 25. Como siempre, hay algunas que valen la pena y otras que no aportan nada, pero he empezado a analizar qué es lo que me llena de un libro que me gusta…

Y más o menos estas son mis conclusiones:

1.    Personajes interesantes, intensos, particulares. Por algo soy fan de Amelie Nothomb y John Irving… se sacan unos personajillos totalmente creíbles en el contexto pero siempre curiosos como seres humanos. Me gusta cuando me los imagino físicamente, sé cómo hablan, qué se pondrían para ir al supermercado, qué pedirían en un restaurante.

2.    Una narración fluida y sobre todo, que te explique bien todo. No soporto cuando te dejan incógnitas por en medio sin resolver. Porque vamos a ver, si tú, señor escritor, sabes qué pasó en “x” o “y” momento… ¿por qué no me lo cuentas? Y si no lo sabes, no haberlo nombrado. Esto incluye una buena estructura. Un libro bien escrito pero mal hilado me pone de los nervios.

3.    Una trama asentada en un tema concreto; que haya un trasfondo familiar, social… algo. Hago una excepción y es lo histórico, no es lo mío…

4.    La escritura que no juzga. Siempre he dicho que es de los mayores méritos de un autor el ponerte dos visiones de un mismo asunto, o lograr no ser partidista con sus propios personajes… poner la situación para que sea el lector quien la analice y saque sus conclusiones.

¿Y a vosotros?

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