Este sábado tenemos boda. Tengo que comprar zapatos, porque el vestido lo busqué con BBMamá hace unas semanas. Gracias al magno evento, nos pusimos hablar con unas amigas sobre las bodas. Así, llegamos a la conclusión de que los motivos para casarse son variados y en el menor número de casos la razón es el amor. ¿Triste? Sí. ¿Cierto? Yo creo que también.
Os cuento tres ejemplos de matrimonios patológicos.
1. Amigo solterón: hace unos meses dejó caer que pensaba volver con su ex, con quien poco les faltó para mandarse a matar, y formar una “familia”. Amigo solterón viene a ejemplificar el caso de los “me caso porque soy el único soltero que quedo entre los amigos”. Los de este especímen se distinguen porque buscan a cualquiera que les ayude a cambiar el estado civil y porque en realidad creen que el matrimonio es un mal necesario.
2. Amiga estudiante: amiga estudiante era buena estudiante, responsable, trabajadora, educada. Se le veía a la legua que el estudio era la excusa para conocer marido. dicho y hecho. Amiga estudiante encontró novio, que pasó a ser su marido con cierta rapidez y en cuanto pudo ¡zas! dejó el trabajo. No la juzgo, a mí eso de trabajar en una oficina se me da fatal, pero a amiga estudiante se le veía que su objetivo último era casarse. Los de su especimen se distinguen, además, por tener hijos cuanto antes y ojalá varios.
3. Amigos “los novios de años”: estos empezaron muy jóvenes y como es “natural”, llegó un día en que les tocó casarse. Y entonces se casaron. Los de su especimen se casan porque es el paso que sigue, ni siquiera se plantean que haya otras posibilidades.
Dice una amiga que nadie se casa por amor, uno se casa por comodidad, por la lavadora, por el qué dirán, por la fiesta… sarcasmos aparte, algo de razón tiene.