Black Betty y los libros del 2009

Desde hace unos años sigo el ejemplo de Celes y publico la lista de libros leídos durante el año.

No sé cómo (creo que por despistada y por no reseñar todos en mi otro blog) conté 24 novelas leídas en el 2008, aunque en este post del año pasado dice que fueron 31. En fin, como creía que eran 24, me puse de meta leer 25. Hélas aquí… en orden descendente –aproximado y sin confirmar -de cuánto me gustaron:

IMPRESCINDIBLES:

1.    Las correcciones, de Jonathan Franzen
2.    El mundo después del cumpleaños, de Lionel Shriver
3.    Middlesex de Jeffrey Eugenides

VALE MUCHO LA PENA LEERLOS:

4.    Oración por Owen, de John Irving
5.    She’s come undone, de Wally Lamb
6.    La carretera, de Cormac McCarthy
7.    Matar a un ruiseñor, de Harper Lee
8.    I know this much is true, de Wally Lamb
9.    Lecciones de abstinencia, de Tom Perrotta
10.    Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, de Murakami
11.    La soledad de los números primos, de Paolo Giordano

ESTÁN BIEN:

12.    La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, de Stieg Larsson
13.    La reina en el palacio de las corrientes de aire, de Stieg Larsson
14.    ¿Quién quiere ser millonario? de Vikas Swarup
15.    Viajes por el Scriptorium, de Paul Auster
16.    Fantasmas, de Chuck Palahniuk
17.    Tigre blanco, de Aravind Adiga
18.    La elegancia del erizo, de Muriel Barbery
19.    Oryx and Crake, de Margaret Atwood
20.    Un trabajo muy sucio, de Christopher Moore
21.    El ángel más tonto del mundo, de Christopher Moore
22.    Saber perder, de David Trueba
23.    La suma de los días, de Isabel Allende
24.    Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza
25.    Trilogía de Klaus y Lucas, de Agota Kristof

He de decir, sin embargo, que se mantiene la tendencia del año pasado y, como mínimo, no hubo ninguno que no pudiera acabar o que me pareciera una completa farsa. Así que bien, el balance es positivo.

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Black Betty y el caso de la Navidad

Varias historias navideñas…

Hace tres navidades, la segunda que pasé con la familia de El Hubby, me tocó llevar un regalo de amigo invisible. Estaba destinado a la novia de uno de sus primos, llamémosla Pijilla. Pijilla me caía fatal, realmente… tanto que cuando rompieron el primo y ella, la verdad que me alegré un poquito.

Pero el año pasado decidieron volver y con fuerzas… se fueron a otra ciudad a vivir juntos por el trabajo de Pijilla y todo parece apuntar a que esta vez van muy en serio.

La cosa curiosa es que este año, por segunda vez, me tocó darle regalo de amigo invisible. Debe ser el karma, digo yo.

Entre pensar y pensar en qué regalarle, logré objetivar mi poco agrado hacia Pijilla. Y confieso que ya no me cae tan mal.

Y luego dicen que los dichos populares son un cliché… pero es que es verdad, el roce hace el cariño.

Cuando estaba pequeña, mi hermana y yo teníamos un lío enorme con las identidades y los regalos de Navidad. En mi casa se decía algo así como que el Niño Dios le reparaba dinero a los papás que compraban los regalos para sus hijos. Si a esto le sumamos el bombardeo iconográfico de Santa Claus, yo tenía un arroz con mango en la cabeza de los grandes.

Imaginaba que el pobre Jesús, recién nacido, repartía regalos subido en el trineo de Santa. Imaginaba que Santa pasaba por el pesebre a buscar los regalos que antes le habían encargado mis padres al Niño Jesús. Imaginaba que Santa o el Niño Jesús entraban por las celosías de casa, porque no teníamos chimenea. Imaginaba que el Niño Dios hacía magia y hacía aparecer los regalos, pero días antes porque en mi casa desde una o dos semanas antes de la fecha ya estaban debajo del árbol… a todo esto, me alegro de no haber tenido la tradición de los Reyes…

Esta Navidad ha sido rara. Tenía años de no sentirme tan nostálgica. Ayer me sentí un par de veces fuera de lugar, a pesar de que la familia de El Hubby ya es MI familia. Echo de menos a mis padres, a mis amigos, a mi perra (hay dos en casa de mis padres, pero la doberman pinscher no la considero mía, la pobre me cae fatal). Creo que lo que me hace falta es tener hijos. Lo digo en serio PERO aclaro que no es plan cercano, pero pienso que llega un momento en cual la ilusión de estas fechas se traspasa a los más peques.

No sabemos qué hacer para el 31. Podríamos ir a casa de los primos de El Hubby, pero es de lo más aburrido del planeta. Esto porque en realidad son una pareja (familia) y amigos de ellos, que suelen ser más “apagadores” que un trankimazin. Tenemos dos posibilidades, ir a casa de mis amigos de estudios o quedarnos en casa y hacer cena romántica y campanadas en el sofá.

¡Feliz Navidad!

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Black Betty y el cambio estructural

Hace unos meses, una de las profes de teatro me dijo dos cosas. Una que era muy responsable, estructurada y formal en mi trabajo, lo cual es bueno. Dos que tenía que dejar de ser tan “estructurada” y “formal” y “lanzarme”, “arriesgarme” y “probar otras formas de trabajar”. Lo cual es menos bueno…

En su momento me quedó rondando la cabeza porque no tenía ni idea de cómo se hace eso. Creo que es parte formación, parte educación y ejemplo en casa y parte personalidad.

Unos meses después otro profesor me dijo que le gustaba X cosa que había hecho, lo cual es bueno, pero que podía “lanzarme”, “arriesgarme” y “probar otras formas de trabajar”… Lo cual es menos bueno.

En su momento me rondó la cabeza, aún un poquito más, porque seguía sin saber cómo se hace eso.

Esta mañana, la profe de guión me dijo que está muy bien que sea tan “estructurada”, “analítica” y “crítica” con mi trabajo y el de los demás, pero que –en su humilde opinión –debería intentar “lanzarme”, “arriesgarme” y etc. Eso, eso, no es tan bueno.

Estoy un poco harta, la verdad. Es tan fácil decirlo… y tan fácil no decir nada más. Anda que cambiar es sencillo ¿no?

Es lo que más me alucina de las carreras artísticas, de teatro en concreto… cuando te piden que cambies algo no se queda en lo profesional, sino que entran en tu personalidad, tus costumbres, en fin, en ti.

Con perdón pero es una gran putada. Nadie me ha explicado cómo des-estructurar 30 años de estructura.

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Black Betty y el caso de las borracheras

Cada año, con los compañeros de curso, hacemos una cena de Navidad y Año Nuevo. Esta vez tocó el viernes. Además de las toneladas de comida, hubo litros y litros de vino. Yo, como tengo este estómago fino de “conmigo no te pases que te enterarás durante cinco días”, mido lo que como y sobre todo lo que bebo.

Así, desde las 9 de la noche y hasta las 4 de la mañana, me tomé unas cinco copas de vino, intercaladas con agua. Cuando decidí que se acababa el vino, fui al baño y uno de los amigos estaba ocupándolo, en realidad lo tuvo acaparado desde las 4 y hasta las 6 am. Cuestión que como no paraba de vomitar, acabamos llamando a la ambulancia. Bueno, la llamamos porque dejó de vomitar pero apenas si reaccionaba, no se movía, no respondía preguntas, no podía hablar.

Los paramédicos nos dijeron, en resumen, que podía dormir la mona en casa o dormirla en una camilla en el hospital. Con mucha dificultad lo movimos al sofá y a las 7:30 am finalmente se durmió y pude venirme a casa.

Volviendo a casa me puse a pensar en las borracheras. En cómo los seres humanos tenemos esta necesidad de meternos cosas en el cuerpo, de perder un poco el control de vez en cuando. Lo peor es que creo que estaremos todos de acuerdo en que no es nada agradable el mareo extremo, ni el malestar… entonces ¿por qué lo hacemos?

Hace mucho tiempo que este amigo no se mete una borrachera, pero hasta hace un año creo que era constante el tema bebo-bebo-bebo-acabo vomitando. Sé que es joven, sé que tiene un punto de normalidad, pero me pregunto si no hay algo más allá de lo que quiere huir y usa el alcohol. No sé… son estas cosas que se pasan por la cabeza y no sé por qué.

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Black Betty en el caso de la mano chueca

En diciembre del año 2006, más o menos, empecé con una molestia muy rara en el brazo: calambres en la mano, sensación de tener el dedo meñique dormido, poca fuerza en la mano izquierda, incapacidad de juntar los dedos. Quienes me leen desde entonces recordarán la doctora aquella que me decía que todo me lo inventaba. En todo caso, una parte por culpa de la doctora y otra mía, la cuestión es que esperé mucho tiempo para hacérmelo ver.

En mi defensa, es una molestia que va y viene y aunque jode mucho, en cuanto se va la olvido.

En fin, que me fui a hacer un electromiograma y se ve que tengo el nervio hecho un asquito a la altura del codo, con una cosa que se llama neuropatía cubital izquierda.

Y ahora viene el acojone porque claro… ¡es una lesión de hace tres años! Soy una dejada, lo sé, qué horror… Tengo que ir a mi médico de cabecera y me da cosita… porque vale que quieran ponerme una férula, hacer fisioterapia o tomar analgésico… ¡¡¡¡pero yo no quiero que me operen!!!!

*chueca, en mis tierras originarias quiere decir descompuesta, tarada, que no funciona adecuadamente.

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BlackBetty en: cómo hacer desaparecer cinco días

Desoyendo las sabias palabras de algunos, este puente hice una larga lista de cosas por hacer. Con cual queda claro que, para colmo de males, no me relajé del todo ningún día.

Pero no todo es pérdida. El sábado fui a un ensayo de unas chicas que están armando compañía teatral, y que me han pedido que les escriba un texto. Conocí a la chica que las dirige y hubo flechazo. Es de esos momentos que te encuentras con alguien e inmediatamente compaginas. Las actrices se fueron y nos quedamos nosotras, dos horas y media más, hablando de lo humano y lo divino acompañadas por un vinito bastante decente.

El domingo quedamos  El Hubby y yo con Geniecillo Fashion y su chico. Fuimos a ver la exposición de fotos de Worldpress, de la que salí con el hígado en la mano. A veces me cuestiono a qué llamamos arte, a qué llamamos periodismo, a qué llamamos ética… a nivel técnico las fotos son buenísimas… a nivel humano… pues… muchas no deberían colgarse en un museo, pienso yo.

Ayer hice una cena en casa para el Geniecillo, su chico y Mr Humor Ácido. Luego se nos unió Directora Bailarina. Hubo vino, pictionary (que ganamos El Hubby y yo), conversación, canciones, más vino. Como siempre que viene a casa, Geniecillo se fue a las tantas.

Me queda pendiente la tonelada de trabajo que no hice o hice a medias… pero no me permito estresarme. Mañana en la mañana haré lo que tengo que entregar en la tarde. En la noche intentaré hacer lo del jueves o buscaré excusas para saltarme la tutoría del curso de guión.

¡Y ya llega el viernes!

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Black Betty presenta ¡Ai mare que no arribo!

Esta semana empiezo un largo puente… desde mañana viernes y hasta el martes –inclusive- no tengo clases. Toda una promesa de paz y descanso, si no fuera porque restando las vacaciones, me quedan unas 6 semanas para acabar el primer cuatrimestre.

He empezado a hacer la lista de pendientes. Craso error.

Así, paso de estar frente a una montaña de horas de sueño y remoloneo a ver la avalancha de trabajo que asoma por una esquinita. Por ahora respiro. Mañana haré una “sub lista” de pies en la tierra, midiendo el tiempo que puedo invertir en ponerme al día y el tiempo que necesito para descansar. Porque me merezco vagabundear como una gatilla.

Bueno, a disfrutar los días libres.

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Black Betty y el caso informativo

Es bonito que la gente confíe en ti… que te cuenten sus cosas, sus proyectos, te den opiniones. Pero… qué conflicto se te viene encima cuando la información se cruza.

Me explico:

Primera situación: Mathematician me habla de hacer juntos un proyecto para el próximo año. Me parece genial, incluye a B, C, D y E. Todos estos están enterados y, en principio, les interesa. Geniecillo me habla de hacer juntos otro proyecto para el próximo año. Me parece genial, aunque incluye a B. Lo conflictivo no es el doblete –para mí- sino que, para resumirlo, el proyecto será el de Mathematician o el del Geniecillo, no pueden ser los dos.

A Geniecillo, que es mi amigo, le cuento un poco por encima –aunque ya estaba enterado- de la idea con el Mathematician. Pero a Mathematician no le puedo contar la idea del Geniecillo, porque me lo contó en confianza y puede interferir con el suyo.

Pero claro… yo me estreso… porque me siento Arlequina servidora de dos patrones.

 

Segunda situación: Mi amiga PG me habla de que mi amiga MIC está rara… en resumen me viene a decir que no le cuenta sus cosas, que se cierra en banda y que esto, junto con otras actitudes, le hace pensar que no la considera su amiga. La MIC me ha contado, en repetidas ocasiones, que PG a veces la juzga cuando le cuenta sus problemas, la tacha de superficial y usa sus complicaciones para hacerla sentir superficial por preocuparse por “tonterías”.

A mi amiga MIC le digo que hable con PG y le explique lo que siente. A PG le digo que hable con MIC y le explique lo que siente. Las dos dicen que para qué. Lo peor es que se quieren, pero la mitad del tiempo se juzgan por cosas que jamás llegan a aclarar…

Pero claro, yo me estreso… porque me siento la peor mediadora de la historia de la humanidad.

Uf.

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Black Betty en… El furibundo encuentro de William y Anthony

 

Hace unos días fui parte de una discusión, agria y visceral, en clase. Todos a una, muy Fuenteovejuna, nos rebelamos contra uno de los actores del curso de dirección de actores. Es un tipo raro, con talento… sí, pero que cree que es la pomada canaria y es como un niño chico y malcriado. Llamémoslo Sir

Algunas de las proezas de Sir han sido dormirse mientras se dan indicaciones, llamar irrespetuosa y poco humilde a una de las personas MÁS respetuosas y humildes que conozco, cantar mientras la directora hablaba, decir que un ejercicio que mandó el profesor era estúpido y así sucesivamente. Es prepotente, pasota, sobrado… en fin, una joya del arte teatral.

La discusión llegó a un punto donde él, con toda la mala leche de la que fue capaz me dijo: “Pero tú ¿quién te crees, William Shakespeare?”, yo le respondí, con toda la mala leche de la que fui capaz “¿Y tú quién te crees, Anthony Hopkins?”. La cosa quedó ahí, más o menos.

Hoy empezó a dirigirlo Matemático. Yo soy su ayudante de dirección. Así que la dinámica de hoy fue más o menos: Black Betty Shakeaspearita hablando, Sir Anthony Hopkins mirando a otro sitio. No fue capaz de darme la mirada ni una vez.

Y yo me sigo preguntando el por qué. Yo lo que digo a la cara lo mantengo a posteriori. Si no miro a alguien, en mi caso, suele ser porque me avergüenzo de lo que pasó… No acabo de entender su no-gesto, aunque me temo que es una especie de “castigo”: no soy digna de que me mire.

Lo mejor de todo es que me hizo gracia. A pesar de que defiendo que ignorar a alguien tan expresamente es igual de agresivo que llamarle imbécil. Pero me hizo gracia. Incluso un par de veces, adrede, le hablé directamente, empezando la frase con Sir, para que le quedara claro que la cosa iba con él. Una vez consiguió hacer ver que no me había escuchado. La segunda miró un objeto colocado –para su dicha- en medio de los dos.

Y yo que no sabía que Sir Hopkins fuera tan niño… a su edad…

Tenemos que aguantarnos un mes más, a tres horas dos veces por semana… hagan sus apuestas sobre lo que puede pasar.

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Black Betty y el caso del desorden

Tengo muchos defectos, como cualquier persona, pero hay uno en particular que no soporto. Soy desordenada. Me explico… para las cosas académicas no me cuesta nada ser esquemática, sistemática y estricta; trabajo al día y soy cien por cien disciplina.

Mis libros, también, suelen estar bien colocados –aunque en un orden absolutamente aleatorio que va desde la editorial a los colores a los tamaños-. Mis pendientes van a su lugar cada noche, colgados en el sitio donde les corresponde. Pero ya está.

Hola. Mi nombre es Black Betty y soy desordenada. Sí, sí, soy incapaz de mantener el orden, aunque me encanta. Es decir, soy de esas que se pasa tres horas ordenando y limpiando para, en dos o tres días, crear el caos nuevamente… y así sucesivamente… :-S

Lo más curioso del caso del desorden es que, por un lado, quienes me conocen creen que encarno el orden. Incluso obsesivamente. Además, es raro que no lo consiga cuando es de lo que más quisiera en la vida, ser orgánica y naturalmente ordenada, tener ese impulso de quitarme la ropa y ponerla en su sitio… guardar los zapatos donde corresponde… recoger el plato en cuanto acabo de comer y lavarlo de inmediato. Creo que es una de las cosas de mi madre que aún no me salen y que -tras años de padecerlo- he acabado deseando.

Quiero ser ordenada. MUY ordenada…

¿Alguien sabe cómo se hace?

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