Tengo…

Tengo un amigo que en privado me trata genial, es amable, considerado, divertido… y en público siente la necesidad de hacerme enfadar, criticarme o dejarme en evidencia por supuestas faltas.

Tengo una familiar que en privado es amable, pero en público siente la necesidad de contar las historias menos favorecedoras sobre mí que puede, mejor si son cosas que me hacen quedar como mala persona.

Tengo una conocida que en público hace ver que es mi amiga, pero en privado pasa de mi cara como la que más.

Tengo un colega que cuando está frente a otros se da aires de grandeza, a veces incluso echando mano de una estrategia burda: psicoanalizar lo que él considera mis defectos y buscar adeptos.

Tengo la cabeza como olla exprés. 

Y el tapón a punto de saltar.

You’re dead to me

Las muertes anunciadas son curiosas. Como que te cogen desprevenida, a pesar de la obviedad de lo que sucede. Acabo de sepultar la amistad con Mecha Corta que hace meses olía a podrido. Y si digo la verdad, aunque no me “duele”, es como una sensación rara. PERO se trata de lo más sano, se trata de que cuando uno ya no confía en alguien no hay nada que hacer.

Aprendo, una vez más, que hay gente que uno cree que vale la pena y luego descubres que no. Recuerdo nuestra primera conversación y mi entusiasmo cuando volví a casa… había hecho una amiga. El problema evidente es que mezclé negocios y amistad y eso no puede hacerse.

A ver, me explico: soy muy fan de hacer amigos trabajando. O sea, de trabajar con alguien y a partir de descubrir que tenéis una química genial (currando), pasar a la amistad. Si uno aguanta horas de presión con alguien y encima quiere verle fuera de horario, la cosa tiende a funcionar. Digo tiende porque Mecha Corta y yo nos lo pasábamos muy bien… hasta que yo confundí limones con peras, pensé que la amistad tenía que estar por encima… y ella confundió olivares con jardines y pensó que el trabajo está por encima.

Lo que creo que me genera la sensación rara es que… no, Mecha Corta no me debe nada, pero es verdad que gracias a mí ha recibido un par de reconocimientos y/o trabajos. Es verdad que gracias a mí ha dado un paso en su carrera, y aunque no me “deba” nada, siento que en el fondo hay algo de que sacó provecho.

O no. Me debe. Qué coño.

Ya le cobrará alguien.

Supongo